Soy un expat.

Recuerdo cuando llegué a Berlin, con la ilusión de tener un trabajo después de un año de paro. Venía de 'contractor' para tres meses, o seis, o nueve o... pero con la ilusión de no haber acabado en el infierno alemán, por ejemplo, Frankfurt.

Incluso tenía la intención de aprender alemán rápido, no quería ser un paria, integrarme dentro de lo posible. Y descubrí que no podía dejar de ser un paria.

Imagen de de azero soy

Tengo un amigo en Berlín. Igual te puede ayudar

"Tengo un amigo en Berlín. Igual te puede ayudar."

Ese amigo resultó ser un miembro de Berlunes, y esa frase fué pronunciada en un momento clave, de esos que en el cine gustan de representar congelando el tiempo y rotando la posición de la cámara. Por suerte la escena no cumplía los estándares de Hollywood. La iluminación producida por la típica bombilla pelada era terrible, hacía frío y apenas podía apoyar el culo en el clásico fregadero de cerámica blanca que acompañaba a la lavadora y a un montón de juguetes caóticamente amontonados frente a nosotros. No os costará adivinar porqué elegimos refugiarnos en ese cuarto. El peque y la madre dormían ya.

Los buenos amigos no dudan en escucharse y conectar anhelos, sueños, penas y problemas con posibles soluciones. De ese modo uno puede escuchar la frase del millón un millón de veces en un trillón de conversaciones de bar o en un billón de encuentros virtuales de baja intensidad, sin que por ello acabe pasando absolutamente nada. ¿Pero cuantas veces un buen amigo te acoge en su casa porque casualmente andaba cerca poco después de que te echen del trabajo con fuegos artificiales (haciéndote saber ya sin duda que tu infeliz pasado arde por fín aunque no esté claro si podrás salir suficientemente ileso), y después de una cena improvisada con pan bimbo y salchichón pronuncie esa frase sin ánimo de prometer nada pero deseando de corazón que la mínima esperanza que eso te pueda aportar te traiga algo de sosiego? ¿Y cuantas veces pasa eso en el cuarto de la lavadora?

Imagen de Julia Pérez CAD

El Documental Akiyayá llega a Berlín

Hola amigos de Berlunes!

El próximo 19 de Enero a las 20h, CAD Productions (http://cadproductions.globalcad.org) estrena en Berlín el documental Akiyayá, en el marco de la programación de Cine en Español del Instituto Cervantes en el cine Babylon.

Akiyayá, “historias africanas de emprendedores y soñadores” busca acabar con los clichés y promover un cambio de mentalidad respecto a la inmigración. Esta película narra las historias de jóvenes emprendedores africanos que viven en Europa y África, enseñando cómo están cambiando el mundo a la vez que persiguen sus sueños.

El documental, filmado en Barcelona y Senegal, analiza el concepto de acceso a oportunidades para aquellos que decidieron quedarse en Senegal frente a los que emprendieron el viaje hacia Europa, enseñando ejemplos de jóvenes que han decidido coger las riendas de su destino para lograr sus sueños. Los protagonistas de Akiyayá nos transmiten a través de sus vidas y experiencias que todo es posible cuando se tiene voluntad, que no importa el “aquí” o el “allá”, que lo más importante es definir bien tus propios sueños y luchar día a día para conseguirlos. Akiyayá ya ha sido estrenado en España y Senegal y también ha sido nominado para la 6ª edición del Festival de Cine Invisible “Film Sozialak” para el premio de interculturalidad y para el XI Festival de Cine y Derechos Humanos de Barcelona.

Imagen de Rock sin subtitulos

Música en directo más allá del techno

Se acabó el verano. Los berlineses de temporada se han marchado de vuelta a sus lugares de origen y el Prof. Shopenhaua ha retomado ya sus clases en la Escuela Superior de Berlinología. Las temperaturas empiezan a bajar y cada vez hay menos luz. Empieza la temporada perfecta para meterse en una sala y disfrutar de música en directo. 

La promotora Rock Sin Subtítulos quiere establecerse en Berlín programando regularmente conciertos de grupos de música españoles. La idea de que la música, al igual que las películas, se disfruta mejor cuando se entiende, mejor sin subtítulos, llevó a un joven promotor canario que vivía en Londres a organizar conciertos de bandas españolas en 2008. 

Imagen de Paquito

Rotationseuropäer

¡Qué les pasa a los alemanes con la lengua!

No paro de tropezarme con nuevas palabras que me dejan temblando.

Hace ya tiempo que somos conscientes de que la biensonante y simpática palabra "gitano" es políticamente incorrecta. Zigeuner, su homólogo en alemán, ya no se puede utilizar. Es un insulto. Rotationseuropäer es la fórmula correcta actual. Uno se pregunta a quién se pretende proteger con estas fintas de la lengua.

A los gitanos seguro que no. Si seguimos así llegará un día en que la conciencia de culpa, de por sí ya bastante desarrollada en el alemán, pase a la lengua y de pronto quieran dejar de seguir siendo alemanes. ¿Qué querrán ser entonces? ¿Cómo querrán llamarse? ¿Qué pretenderán dejar atrás con ese nuevo nombre?

Nuevas investigaciones científicas muestran que el ser humano prefiere dedicarse a cambiar las formas que enfrentarse a los contenido. Bajo el lema: cambiamos el nombre y vemos a ver que pasa.

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Perverso

El término perversión viene del latín pervert?re (volcar, invertir o dar vuelta). Normalmente se asocia al ámbito sexual pero las perversiones no se reducen al sexo; están en todas partes.
 
Cuando no podemos sentir o disfrutar de algo (ya sea porque es tabu, pecado o simplemente está mal visto) pero tampoco podemos renunciar a ello, le buscamos otro envoltorio.
 
Los españoles que lleveís un tiempo trabajando aquí y hayais cambiado de trabajo sabreis que en Alemania cuando uno cambia de trabajo necesita lo que aquí llaman un "Arbeitszeugnis", una valoración.
La valoración la suele escribir el jefe y hay una regla no escrita -o igual esta escrita en algún sitio- que dice que un jefe no puede expedir un Zeugnis negativo.
 
Y aqui aparece la perversión: -No pasa nada -se le ocurrió a uno- vamos a inventar un nuevo lenguaje; el lenguaje de los Zeugnise.
 
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¡Pobres alemanes!

Yo soy medio alemán y siempre he estado superorgulloso de ello. En el pueblo donde creci, Sueca, en los años 80 había registrados tres extranjeros; uno era mi madre. En Sueca, aunque la palabra todavía no existiese, era cool ser alemán. Allí eramos "los alemanes" y estabamos superintegrados pues mi padre era nativo de la terreta y nosotros, incluida mi madre, parlavem Valencià.

Desde que estoy en Berlín me he ido dando cuenta de un fenomeno extraño para un español; para muchos alemanes, cuanto más akademiker sean peor, ser alemán no es nada cool.

Sobre todo serlo en el extranjero.

- Los alemanes siempre nos reuimos entre nosotros cuando estamos fuera, me dijo el otro día un colega - nos avergonzamos de ser alemanes.

A mi en el colegio los niños en broma a veces me decían "Heil Hitler" con el brazo levantado, yo me reia y nunca se me ocurrió que hubiese algo de lo que avergonzarse. Tampoco nunca ningún profesor hizó, que yo recuerde, ningún comentario al respecto. ¡Todo supernatural!

Imagen de Santa Hildegarda

Terror en el supermercado

Siempre me han fascinado los estereotipos que alimentamos aun cuando somos ciudadanos cultos, no analfabetos, de hecho soy intolerante hacia mis propios pensamientos si buscan encasillar a “x” país en “x” comportamientos, o a “x” profesión en “x” perfil psicológico. Por cierto, Hildegard von Bingen gilt als erste Vertreterin der deutschen Mystik des Mittelalters. Ihre Werke befassen sich mit Religion, Medizin, Musik, Ethik und Kosmologie.

Si no habéis entendido este párrafo, no estáis aprendiendo nada de nada…

Dicho esto, voy a escribir un texto que no guarda relación con lo anterior.

Queridos compañeros de Berlinología, profesores, vengo de nuevo al ágora, a compartir con ustedes una evidencia de imitación a la celebérrima marca España. ¡Imposible! Créanme, lo he visto, está en los supermercados Káiser de Berlín-y apostaría cien contra uno a que no soy el primer miembro de la clase de Berlinología en denunciar tamaña afrenta-.

Imagen de Santa Hildegarda

Gratis. Kostenlos

Me presento a ustedes, pues mi fama no tiene precedentes, efectivamente y aun bien, sería poca en comparación con los muchos méritos y deméritos que adornan mi biografía.

Ach ja! Bueno, jovencitos. Mi nombre es Santa Hildegarda, pero pueden llamarme Hilda. Dejen que les prevenga, yo, ya soy fantasma viejo, y al igual que en Cuento de Navidad, vengo a mostrarles que no hay acción sin consecuencia.

Yo fui un berliner, sí, yo fui un donut. No ha muchos años que vivía en una de las concurridas calles cercanas a Görlitzer Park, aunque con el correr del tiempo y de mi periplo vital-periplo significa viaje, aprendan-, me trasladé a las inmediaciones de Frankfurter Tor. Escuchen, mi historia -ruido de cadenas-.

Hay una advertencia que puedo hacer, ya que he experimentado los riesgos que entraña…

¡Montar en transporte público sin billete, destroza los nervios!

Nunca, nunca, lo hagan, por más que su osadía les empuje a subirse a un S-bahn atestado de berlineses, perros, bicicletas y jóvenes alternativos. No lo hagan, porque agazapado entre dos pasajeros, está su perdición, el terror para su sistema nervioso. Un fulano o fulano se le acerca, ¿”Fahrskarte, bitte?” y ¿tienen billete? ¿no, verdad?, claro que no.

Imagen de Yolika

Erasmus-Orgasmus

Así se conocía a la famosa beca por los pasillos de la facultad en Madrid donde estudiaba. Yo, como siempre, andaba perdida en mis divagaciones y no estaba al tanto del apodo. Cuando lo escuché por primera vez ya era tarde: mi solicitud estaba tramitada.
 
A mi noviete, lógicamente, le oculté la leyenda urbana que acompañaba al erudito teólogo. A fin de cuentas mis motivaciones para solicitar la beca eran muy diferentes a las del alumnado masculino: ¡quería quitarme ese hueso de asignatura que no se aprobaba ni con chuletas!
 
Se comentaba que con solo asistir a las clases y presentarte a los exámenes los docentes alemanes terminaban aprobándote las asignaturas más por pena y vergüenza ajena que por tus dotes académicas.
 
Y ahí estaba yo, leyendo el tablón de anuncios: “Yolika pa Freiburg”. Mi primera preocupación existencial era ubicar Freiburg en el mapa. Una vez resuelta esta duda, mi segunda preocupación era averiguar el frío que hacía allí. Como veis, no iba desencaminada.