El amante berlinés

Imagen de La berlinesa

Lo bonito de dejar atrás tu país de origen por un tiempo es la posibilidad de entregarse completamente a la aventura del „otro“, a las absurdidades y sorpresas de lo desconocido. Parece a una aventura amorosa prohibida y secreta, a la que no sabes resistir aunque te lleve a los límites de tus propias emociones. Te revela sentimientos y rasgos característicos que o desconocías o pensabas haber olvidado. Por supuesto todas estas impresiones son subjetivas y pocas veces causa del azar, tal y cual como uno elige sus amores según los gustos, busca sus experiencias en el extranjero y se construye su „aventura amorosa“. Empiezas a ver de nuevo y reaprendes a leer las señales que te da tu amante, lo que no sólo lleva a una eterna felicidad, sino también te revela los lados oscuros y feos, puesto que estás preparado para navegar este mundo subterráneo del país desconocido.

Por eso siempre hay que tener mucho cuidado con lo que uno cuenta de su vida de exilio, aunque la lejanía de los familiares y amigos invite a fabulaciones fantásticas o puras mentiras, ya que en el fondo todo esto dice más sobre ti que sobre el „otro“. En consecuencia, vale mucho la pena buscarse un lugar de exilio bien exótico para mantener un poco el secreto de la aventura amorosa. Ahora bien, hoy en día ni siquiera los lugares exóticos son una garantía para que la aventura quede secreta. Así que si no deseas que nadie se entere, mejor no lo hagas. El rey de España puede contar más al respecto.

Sin embargo, entiendo que la situación económica en España y las restricciones migratorias en nuestro mundo tan globalizado limitan las aspiraciones a lugares exóticos, así que no me sorprende que Berlín sea una de las ciudades favoritas de la emigración española. Como exiliarse a Berlín ya no tiene nada de exótico ni secreto, recomiendo construirse la ciudad de otra forma. Por ejemplo, darse una vuelta por Reinickendorf, o visitar Weißensee, o llegar hasta Buckow o quizás Lichterfelde Ost. Para los que nunca han salido del centro turístico, no son ciudades, son barrios de la misma ciudad, e incluso se puede llegar en transporte público.

A quien le parece esto poco aventurero, también puede cruzar las vallas y descubrir Brandenburgo, una parte con una belleza diversa y profunda – aunque poco valorada – de la Alemania oriental, que consiste en mucho más que Potsdam. Y la probabilidad de encontrarse en las vastedades en los alrededores de Berlín con exiliados es muy baja, igual que baja como la de encontrarse al homo brandenburguensis. En total, una aventura extremadamente secreta que puede dar lugar a las historias más excitantes que convierten lo experimentado en algo inolvidable.

Ahora no voy a revelar más, porque al final cada uno construye y experimenta lo suyo. El exilio implica mucho más la soledad en la búsqueda de su propio camino, incluso si tienes como vecinos más compatriotas que nativos. Esta aventura afectará gravemente la relación estable que uno tiene con su país de origen, la pondrá a prueba y para algunos seguramente no habrá ninguna vuelta atrás aunque quiera. Por eso hay que entregarse a conocer su nuevo hogar más allá de las fronteras del propio barrio, porque a lo mejor el amante se convierte en pareja.

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