Berlín está postokupada

Imagen de Andreu

Dado el pequeño debate que se desató tras el último post sobre el (lamentable) desalojo de la Brunnenstrasse 183, creo conveniente abordar desde una perspectiva más o menos histórico-documental el fenómeno de la okupación en Berlín. Un fenómeno que, desde mi punto de vista, enriquece la ciudad y mantiene su esencia. ¿No opináis lo mismo? Bien, que siga el debate y el intercambio de opiniones. Nada más sano que la discusión hay. Pero guardemos las formas...

Echo mano del departamento arhivístico de mi Cielo bajo Berlín para lanzar un vistazo a la historia okupadora de la ciudad, y encuentro un interesante dodumento. Os dejo con él:

"Es curioso que muchos españoles se refieran todavía a países como Inglaterra, Francia o Alemania utilizando la palabra “Europa”. Pero, ¿no quedamos en que somos europeos? Sin embargo, quizá por un sentimiento de inferioridad (o superioridad), o simplemente de lejanía, España (o el Estado español, para no herir sensibilidades nacionales o nacionalistas) sigue siendo para muchos algo ajeno, tan ajeno como ese concepto más o menos tangible correspondiente a la palabra “Europa”. Pues bien, hoy echamos un vistazo a Europa, más concretamente a Berlín, Alemania, para ver cómo está el panorana de la okupación. Para muchos, en Berlín la okupación ya ha muerto para pasar a una fase de postokupación. Veamos por qué.

Berlín es una ciudad que transmite una sensación de constante cambio, de transformaciones urbanas que dan paso a otras mutaciones arquitectónicas, sin que nunca parezca que la capital haya llegado a su estadio de desarrollo final, como pasa, por ejemplo, en Barcelona, donde la fisonomía urbana de la ciudad y las políticas urbanísticas y económicas ya no dejan espacio para la improvisación o lo paralelo a la línea oficial. En Berlín queda espacio, y mucho, y eso ofrece muchas posibilidades en un contexto que transmite a menudo la sensación de vacío, un vacío que se presta a ser llenado.

Antes, durante y después de la caída muro

Antes, durante y después de la caída del Muro, la sociedad berlinesa vivió en una revolución diaria, un especie de ambiente libertario que muchos que lo vivieron recuerdan entre suspiros y con tremenda nostalgia. Rebuscando entre los archivos del Museo de Kreuzberg, uno de los distritos con un mayor número de proyectos sociales y alternativos, así como con un mayor porcentaje de población inmigrante, me encuentro con una extensa y detallada descripción de ese proceso de okupación de vivienda vacías a ambos lados del desaparecido muro.

“A comienzos del 1992 había en Berlín alrededor de 1.000 casas okupadas”, comienza el texto del informe. Ese gran cantidad de acciones ilegales, pero para muchos legítimas, comenzó entre finales de los ’70 y principios de los ’80: “En la parte occidental de la ciudad había uno de los movimientos sociales más significativos de la República Federal Alemana, a caballo entre el movimiento estudiantil de los ‘60 y los movimientos alternativos de los ’80”. Este movimiento se vio alimentado por el malestar social y por el intento de influir en el rumbo de la parte occidental del país desde fuera del sistema de partidos (Ausserparlamentarische Oposition), para muchos herencia del nacionalsocialismo, que todavía presente en muchos altos estratos del aparato burocrático del RFA.

¿Y qué pasaba en la cínicamente autodenominada República Democrática Alemana, en el Estado socialista del Este? “Ya durante los últimos y agonizantes años de la RDA, muchos bloques de viviendas fueron okupados. Este proceso se acentuó tras la caída del muro, el 9 de noviembre de 1989, sobre todo en los distritos de Prenzlauer Berg, Mitte y Friedrichshain. Las razones de ese proceso de okupación fueron diversas: formas alternativas de crear comunidades de vecinos, organización de comunidades políticas contestatarias con los statu quo tanto del Este como del Oeste, respuesta a la especulación y la existencia de viviendas vacías, o simplemente una forma de autoyuda de los sectores sociales más pobres".

En marzo de 1980 veinte casas okupas de Kreuzberg formaron un Consejo de la okupación (“Besetzerrat”), consejo que ganó cierto protagonismo público y representó en cierta manera a la numerosa y heterogénea comunidad okupa berlinesa. Este protagonismo se vió además acentuado por la salida a la luz de numerosos escándalos urbanísticos. La comunidad consiguió sacar a la calle hasta 30.000 personas para protestar contra el desalojo de algunos centros sociales y casas okupadas.

“Berliner Linie”

Ante una situación que se les escapaba de las manos, en 1981, el Senado de Berlín occidental, bajo la tutela del entonces alcalde Hans-Jochen Vogel, puso en marcha la llamada “Línea Berlinesa” (“Berliner Linie”): a partir de ese momento, todas las nuevas casas okupadas fueron desalojadas inmediatamente. Las casas anteriormente okupadas sólo fueron desalojadas antes de la previa petición del propetario, y siempre que éste se hiciese cargo de la rehabilitación del inmueble. El resto de casas tuvieron que acogerse a un proceso de legalización si no quería ser desalojadas.

Dentro de esta atmósfera de enfrentamientos, muchos movimientos alternativos, con partidos con representación como el partido Los Verdes, pusieron en marcha acciones como “Manifestantes buscan especuladores”: grupos señalaban dónde y cómo actuaban grupos empresariales que se enriquecían con la especulación con viviendas y espacios urbanísticos. Muchos sindicalistas, escritores y profesores universitarios apoyaron públicamente este tipo de acciones y al movimiento.

Enfrentamientos

En esta atmósfera de medidas y contramedidas, los enfrentamientos entre los movimientos alternativos con la policía eran habituales: en una de estas manifestaciones y posteriores disturbios fue asesinado por la Policía el manifestante Jürgen Rattay. A este asesinato siguieron masivas marchas en contra del Senado berlinés y de su “línea”.

En ese momento saltó dentro del movimiento de la okupación el debate de “¿Legalización o no?; es decir, la pregunta de si las casas okupadas debían acogerse al proceso de legalización puesto en marcha por el Senado. Algunos de ellas optaron por esa legalización (muchas de los actuales bloques de vivienda de barrios como Prenzlauerberg son herederas de los proyectos sociales que nacieron en casas okupadas), pero la mayoría optó por dejar las viviendas para no traicionar la filosofía contestataria de la okupación.

Con la caída del Muro, la “Línea de Berlín” también fue aplicada por el Senado en el Berlín oriental, donde había aproximádamente 25.000 casas vacías, muchas de ellas abandonadas por sus propietarios tras el derrumbamiento de la RDA. Muchas han sido las nuevas okupaciones, los desalojos y los enfrentamientos entre okupas y Policía. Sin embargo, todo parece indicar que el panorama de la okupación se ha ido apagando poco a poco, hasta quedar en un fenómeno residual.

Actualmente en Berlín quedan muy pocas casas okupadas en su sentido más auténtico (es decir, ilegales). La mayor parte de ellas se han ido acogiendo a las diferentes fases de legalización, que permiten a sus habitantes seguir ocupando las viviendas en condiciones muy favorables (alquileres bajísimos, subvenciones del Senado de Berlín en caso de que las casas organicen actividades consideradas de interés colectivo, etc...).

Obviamente, sigue habiendo un puñado de okupas que mantienen la filosofía original: es decir, hacerse con espacios vacíos como forma de respuesta frontal a un sistema económico y social considerado por ellos como injusto. Sigue habiendo enfrentamientos esporádicos, pero desde luego, la vida de Berlín vive bastante ajena a los conflictos provocados por las casas okupas. Quizá porque la falta de espacio en la capital no sea un problema tan acuciante como en Madrid o Barcelona. Tal vez por todas esas razones se dice que en Berlín se vive en una situación de postokupación. ¿Llegará España (o el Estado español) algún día a ser Europa? ¿Llegará a ser el problema de la vivienda en España algún día algo anecdótico? Mientras tanto, la okupación seguirá teniendo en nuestro país toda la legitimidad política del mundo..."

En cuanto a Berlín, tiempo al tiempo: cada vez más a menudo escucho la frase de "A esta ciudad le quedan un par de años". Sinceramente, si eso significa que Berlín va en la dirección de Barcelona o Madrid, desde luego creo legítimo el reciclaje de la okupación como herramienta política para evitar que esta ciudad se eche a perder y, sobre todo, para evitar que deje de pertenecer a quien realmente pertenece: a sus habitantes y no a empresas especuladoras que sólo buscan el beneficio en las entrañas de la ciudad. ¿Te parece que Berlín es una ganga? Pues si no te mueves, es más que probable que los gentrificadores te obligen de aquí a poco a buscar nuevos nichos vitales en otras partes del planeta.

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Comentarios

Buen post,

Buen post,

un par de comentarios:

No creo que Berlín sea una ganga o pueda ser una ganga porque haya más casas ocupadas que menos, más bien esto tiene que ver con la escasa productividad de la ciudad en sí.

Para llegar al caso de Madrid o Barcelona Berlín tendría que duplicar su población y es altamente improbable que esto ocurra ya que la tasa de crecimiento de Berlín es bajísima, 0,5% (2000-2009)

Así que amigos...a Berlín le quedan mucho mas que dos anyos...tal vez no al SO36 de Kreuzberg o Boxhagenerplatz de Fhain (apesta) (Przlberg es un caso perdido ya)

Pero siempre os quedara Moabit y la eterna promesa........ WEDDING. (Wedding kommt)

Que pasa, no os mola Wedding, no mola Moabit?

El precio y la carencia de vivienda en Berlín

La inmensa proliferación de inversores y de románticos que han invertido en comprar una o varias viviendas en Berlín para pasar ellos mismos unos días de descanso al año o para alquilarlos como apartamentos de vacaciones, está provocando, desde mi punto de vista, una subida artificial del precio de la vivienda en la ciudad y, por lo tanto, una burbuja inmobilaria que parece amparada y protegida por las instituciones. Y mientras una buena parte de los apartamentos permanecen vacíos durante meses, los ciudadanos comentan constantemente que existe falta de vivienda, pero de vivienda asequible para las familias que hacen realmente su vida aquí. Y, por lo tanto, comienza a ser necesario que los ciudadanos vuelvan a alzar la voz si no quieren perder ese espíritu de rebeldía y de libertad que tanto nos atrae a los foráneos y que, poco a poco, parece ir apagándose en muchos lugares a la vez que los berlineses que quieren mudarse tienen que alejarse más de la ciudad para poder pagar los nuevos alquileres.