Bernd y los cerdos

Imagen de El Perro Salvaje

Me imagino que le pasa a todo el que sale de su pueblo y cambia un poco de aires, inevitablemente llega el día en el que ve algo que le hace pensar "Qué flipaos están los X". En nuestro caso X = Teutón. Aunque seas la persona menos dada a las generalizaciones, aunque todo lo que diga el Choped en sus bodrios de Berlinología te parezcan rebuznos de un viejo resentido, aunque hagas todo lo que está en tu poder por entender al prójimo, algún día te dirás, aunque sea para tus adentros y de manera diplomática, "Estos alemanes son peculiares."

Eso me pasó hoy cuando me topé por cuestiones profesionales con "Meine kleine Farm" (Mi pequeña granja) una página web creada por un estudiante berlinés (Dennis) para que el que se quiera comer a un cerdo, tenga los huevos de verle primero a los ojos. Está asociado a un excéntrico y apasioanado porcicultor (Bernd) que defiende el motto, "el que se come a un cerdo, tiene que estar preparado para matarlo." Por suerte, predominó la idea comercial del berlinés, así que con verles a los ojos basta.

La idea de los fundadores es que los compradores sepan que los cerdos vivieron felices antes de ser masacrados, crear consciencia y buen karma "für sich, die Tiere und den Rest der Welt". Sí, putos hippies. Los vegetarianos, como era de esperarse, están indignados, no podía ser de otra manera, les parece grotesco que "el que quiere puede escoger cual vida será exterminada". Pero para Bernd y Dennis, Meine Kleine Farm garantiza "Meat with a mission". Quiere que la gente vuelva a entender la relación entre los miembros de la cadena alimenticia y si es posible, reducir de alguna manera el consumo de carne.

Como verán los curiosos que sigan el vínculo, en la página vemos a unos cuantos cerdos, algunos datos acerca de su vida y la fecha de su futura ejecución. Más abajo, vemos todo lo que podremos pedir una vez que el puerco pase a mejor vida. Como verán, casi todos los productos están agotados, así que el negocio funciona.

Se lo comenté a mi novia, oriunda de Aranda del Duero, y me dijo que algo parecido pasa por allá con los corderitos, y ya alguna vez, a pesar de venir de una ciudad inmensa, he visto conejos que horas después he devorado, sin embargo, no sé por qué, cuando pienso en un cordero o en un conejo no siento demasiado apego y me la suda si le rompen la nuca. Pero cuando veo a un cerdo, no se me ocurriría conscientemente firmar su sentencia de muerte. Viéndole ahí tan alegre y bonachón, tan parecido a nosotros en nuestros mejores momentos....borrachos, después de una buena comida o un buen polvo...mejor que me lo sirvan preparado y no tener que verle a los ojos.

 

 

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Comentarios

Imagen de A. Shopenhaua

Usted me parece peculiar

Capaz de hablar de cualquier cosa.

Hay dos tipos de alemanes:

1) Los que siguen las reglas a rajatabla. (La mayoría)

2) Los que no siguen ninguna.

No hay término medio.

Muy suyo.

A. Shopenhaua

 

Imagen de El Perro Salvaje

Como siempre, discrepo...

Hay dos tipos de alemanes:

1) Los que se identifican con corderos

2) Los que se identifican con cerdos bonachones.

Nos vemos por los pasillos, nunca suyo, 

 E. P. Salvaje

Realmente

Hay 2 tipos:

1/los que siguen las reglas
2/los que se jactan de no seguirlas ocultando realmente un verdadero alemán que simplemente tiene las suyas propias

Imagen de René D.

Hay 10 tipos de alemanes

Hay 10 tipos de alemanes:

  • Los que entienden el sistema de codificacion binario.
  • Lo que no lo entienden.

Buen artículo Perro... pero ahorrense las generalizaciones. Vengan a mis clases de Berlinología Matemática y entenderán ustedes mis bromas.

René D.

Imagen de icanogar

¿Y las plantas? ¡¿Nadie

¿Y las plantas? ¡¿Nadie piensa en lo que sienten las pobres lechuguitas?!

Como en el pueblo

Me parece estupendo que quien quiera comer carne antes presente sus respetos al condenado. Antes en los pueblos se conocía lo que caía a la mesa, ahora el ajusticiado viene de tal manera que ni su madre lo reconcería por no hablar de la vida que habrá llevado y la muerte indigna que le habrá tocado soportar.
El alejamiento entre al animal y nuestra mesa es enorme y eso nos hace olvidar de donde salen los jamones y chuletas.
Por cierto, eso de que los alemanes funcionan en binario me ha echo partirme de risa.