Una bomba inglesa de 250 kilos en el Spree.

Imagen de Hector

Cosas que todavía ocurren en Berlín.
 

El día comenzó como cualquiera, regresé del trabajo, saqué a pasear a Pablo, encendí un cigarrillo y me asomé por la ventana como tantas viejitas turcas de mi calle hasta que de pronto veo a mi vecina a media cuadra acelerando el paso y con cara de circunstancia. "¡Héctor! ¡Hector! ¡Una bomba!" Mi vecina, me he dado cuenta a lo largo de seis o siete años, es un poco exagerada y muy miedosa, yo por mi parte no le doy demasiada importancia a nada y mucho menos a una alarma de bomba en Berlín, así que seguí como las viejitas de mi calle, fumando, asomado por la ventana, viendo crecer las hojas de los árboles.

Como era de esperarse, mi vecina tocó la puerta, el perro comenzó a ladrar como de costumbre, yo tuve que ponerme los pantalones y fingir preocupación. "¡Una bomba en el Oberbaumbrücke!" "¿Qué tipo de bomba?" "¿Qué voy a saber yo? De la primera o la segunda guerra mundial. Me llamaron de la escuela y de la guardería, nos van a desalojar poco antes de las seis, te aviso y nos vamos todos juntos. ¡Esto se lo lleva el diablo! Hay un refugio en la escuela de Tunahan [su hijo de nueve años, mi ahijado], ahí estaremos a salvo." Yo en ese momento acababa de poner a calentar una bouillabaisse y pensé "Ni de coña me muevo de aquí", pero inmediatamente me vino a la cabeza que sería imposible evadir a mi histérica y consternada vecina una vez que tocara a la puerta y Pablo se pusiera a ladrar como un desquiciado. Desde que tengo perro, mi casa, muy a mi pesar, ha perdido su calidad de escondite, de refugio. Cerré la puerta, me volví a quitar los pantalones y revisé en internet a ver qué coño estaba pasando, y, efectivamente, durante no sé qué excavaciones (probablemente llevadas a cabo por los hijos de puta del Mediaspree) los demoledores habían encontrado una reliquia inglesa de 250 kilos en las profundidades del rio y a las seis de la tarde sería desactivada, las autoridades desalojarían antes a todos los habitantes de los edificios a un diámetro de 500 metros por si acaso algo salía mal.. Eso quería decir que yo tendría que olvidarme de mi sopa y contentarme con agua sucia y pan negro asinado en un refugio rodeado de viejas histéricas rezando. La imagen despertó mi curiosidad y le di vuelo libre a la imaginación.

Pero a pesar del esfuerzo, no me convencía demasiado hasta que a las cinco y media, como decía el artículo, comenzaron a pasar patrullas con altavoces pidiéndole a todo el mundo que abandonara sus apartamentos y caminara civilizadamente al refugio más cercano. Pocos minutos después agentes irían puerta por puerta cerciorándose de que nadie quedaba dentro de los edificios. Pero yo no tendría que esperar tanto, en pocos segundos mi vecina tocaría la puerta y tendría que sacrificar mi sopa y acompañarle. En ese momento, tal vez motivado por la cursilería que asumía la situación debido al maquillaje de gravedad con el que se adornaban los eventos, tomé la decisión de quedarme en mi apartamento fuera lo que fuera. Busqué tirro adhesivo y le cerré el hocico a mi perro dos segundos antes de que mi vecina tocara a la puerta. Tocó de manera desesperada pero no me inmuté. A los pocos minutos, más preocupada por la integridad física de su estirpe que por la de su vecino, se fue. Ingenuamente pensé que estaría a salvo y le quité el adhesivo a Pablito, pero en ese mismo instante alguien tocó la puerta con autoridad prusiana. Pablo no sólo ladró sino que abrió la puerta como suele hacer cuando está justo al lado y del otro lado esperaba un agente de la policía. Yo me hice el tonto y le dije, “Buenos días, señor agente, ¿qué se le perdió por aquí?” “Buenos días, ciudadano, vengo a pedirle que me acompañe. Debido al hallazgo de una bomba de 250 kg en el Spree, debemos desalojar toda la zona antes de que los agentes especializados procedan a desactivar la misma. El riesgo es mínimo, pero si algo va mal, el efecto será devastador.” Ese tono del agente expresa perfectamente el tipo de cursilería del que les hablaba antes, algo que despierta en mí la irreverencia y la rebeldía. Me agaché, abracé a mi perro y le dije al agente “Yo no me muevo de aquí.” “Señor, si es por el perro, no debe preocuparse, no hay ningún problema con que lo traiga, no aceptaríamos que lo abandonara aquí considerando el riesgo.” “El perro me la suda, oficial. Llevo seis horas cocinando una bouillabaisse y si me voy en este momento, no hay forma que la salve. Es indispensable que esté aquí al menos treinta minutos más.” El agente del orden no parecía entender lo que pasaba. “Señor, entre en razón, en quince minutos los agentes especializados comenzarán a desactivar la bomba, y si algo sale mal no quedará nada en pie.” “Yo no me muevo, ya se lo he dicho y no voy a cambiar de opinión. Usted sabe tan bien como yo que esa bomba no va a explotar. ¿Por qué coño va a explotar ahora si no explotó cuando tenía que hacerlo? Es más, si me pregunta a mí, la han debido dejar en el fondo del rio, ahí no se estaba metiendo con nadie. Pero no, ustedes policías tienen que meter sus manos en todas partes.” El policía me miraba atónito, Pablo me miraba orgulloso. “Señor, por favor acompáñeme al refugio.” “Ya le he dicho que yo me quedo aquí. Yo no voy a dejar que una puta bomba me joda la cena.” Me sentía inspirado, pero el agente no iba a regalar nada. “Entre en razón señor, en el refugio hay cena para todos.” “¿Cena para todos? Yo no habré vivido la guerra, pero he visto las pelis y si nos dan algo de comer será una sopa que parece agua sucia y un poco de pan negro. Y a mí, por extranjero me la darán de último y muy salada para después negarme el agua. Yo sé como son los alemanes en tiempos de guerra. Llevo siete horas cocinando, sin contar la hora que pasé en el mercado consiguiendo el pescado fresco y no me voy a mover de aquí.”

El agente comenzaba a sudar cuando de pronto ¡¡¡¡BOOOOM!!!!

El ruido fue ensordecedor. Todo tembló, hasta los organos dentro del cuerpo. Algunos cuadros y todos los adornos se cayeron al suelo. El polvo caía por las grietas en el techo y las paredes como en las películas, pero los tres estábamos a salvo.

“Joooder... Vaya bomba, ¿no? 250 kilos... Me cago en Dios...” El agente estaba como perdido, por lo que decidí invitarlo a pasar y a que compartiéramos la bouillabaisse, sólo para darme cuenta al voltear de que Pablo comía de un liquido que venía de la cocina. La olla también se había caído con la explosión, no me quedó otra cosa que culpar a los ingleses y al Dios todopoderoso por cagarme la cena.

Esta historia es veraz aunque admito haberla adornado aquí y allá con el bello ornamento de la mentira, sólo para no aburrirlos. Nuestros amigos de The Macuto Collective la llevarán al cine en los próximos meses. Atentos, pronto en las principales salas de la capital.

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Comentarios

La Bomba

SIn duda Divertido el relato, gracias por compartirlo!

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Gracias Tomas!

Gracias Tomas!

Héctor

Que bueno que volviste Héctor! Este blog necesita el toque sudamericano.
Por cierto, a mi tambien me desalojaron por la bomba.

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Gracias Hugo, procuraré no

Gracias Hugo, procuraré no ausentarme tanto tiempo...

Me encanto... y seguramente

Me encanto... y seguramente yo seria la primera en el refugio, a pesar de que muero por una sopa!

Imagen de Hector

Gracias...

Gracias... no era cualquier sopa, eh... una bouillabaisse....cuidado!

Hola.soy Colombiana y mi

Hola.soy Colombiana y mi esposo es aleman iremos  a finales de Julio.. la verdad he leido mucho con relacion al pais pero pienso que Berlin me va a gustar. Parece una ciudad muy veriable y con personas descomplicadas.. tengo para empezar la visa de tres meses.. igual tendre q hacer el proceso luego d estar haya.. hablo un poco de aleman no mucho pero quiciera continuar con el aprendizaje de la lengua y trabajar en cuanto llegue...aun no c por donde empezar... x fis si alguien puede darme algunos tips o recomendaciones le agradeceria de antemano...