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La clave del éxito de algunas start-ups berlinesas: Zalando & cia

Berlín, ciudad que además de ser muy bonita y artística, se caracteriza toda ella por ser un vivero de empresas de nueva generación, muchas de ellas en el campo del e-commerce. Cada día nacen nuevas empresas, pero no son tantas las que sobreviven o que llegan a convertirse en un referente en su sector.

¿Cuál es el secreto del éxito de algunas de las nuevas tiendas online?

Berlinesas o no, una de las características que define muchas de las empresas de comercio electrónico es el tipo de marketing que hacen. Es habitual que, por falta de recursos y/o por la juventud de sus directivos, estas empresas apuesten en general por una Comunicación BTL (Below The Line), que es el nombre técnico con el que se conoce aquella publicidad que permite la segmentación y que no es masiva.

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El departamento protegido

En Alemania ha aparecido una nueva especie protegida. Pertenece a la familia del IT y se compone de informáticos, programadores y desarrolladores web, entre otros.

Esta especie goza de unos privilegios que las especies de otros departamentos como el de Marketing no gozan. ¿El por qué? Como siempre, la famosa ley de la oferta y la demanda. Hay muchas más empresas que buscan este perfil de empleado que trabajadores que busquen este tipo de posiciones.

Este desequilibrio tiene consecuencias. Vamos a analizarlas.

De entrada, una fácil de prever: más demanda que oferta laboral implica sueldos más elevados. Hay quien por otra parte dirá que un desarrollador web merece cobrar mucho más que un brand manager. No entraré en esta discusión. Todo es subjetivo y dependerá de la empresa y/o sector. Lo único que sé es que si una empresa precisa de este tipo de personal y éste no abunda en el mercado, la empresa tiene que persuadir a los “pocos” que hay de algún modo. Un salario atractivo es el primer paso.

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Viejo = cool = sobreprecio

Una de las primeras cosas de las que uno se da cuenta cuando llega a Berlín es de la predilección que los que viven aquí muestran por lo antiguo, viejo, retro o como se le quiera llamar. Aquí lo de ir a la última significa, por definición, volver 20 años atrás. Pero incluso en el caso que algo no tenga tal antigüedad, lo que si que siempre acaba siendo determinante es que algo sea de segunda mano.

Berlin es verde, cool, moderno y ligeramente anticapitalista (en un sentido no muy estricto de la palabra). Comprar en IKEA no mola. Mola ir a un Fleamarket, pillar muebles por la calle o buscarlos de segunda mano o regalados en kijiji.de.  ¿Pagar algo más por algo nuevo que además no es cool, que carece de sustancia? No, gracias.

No dudo que esta actitud, este modo de entender el consumo que va más allá de los muebles y se extiende en otros campos como la ropa o el motor, tuviera originalmente su sentido. Y en algunos casos seguramente todavía la tiene. Sin embargo, creo que se ha ido demasiado lejos. Se ha llevado esta actitud a tal extremo que la demanda se ha vuelto obsesiva y miope, mientras que la oferta, como es natural, se está aprovechando de ello.

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¿Por qué no aprovechamos mejor las oportunidades que Berlín nos ofrece?

Lunes 31 de enero. Después de trabajar me dirijo al St. Oberholz. Allí he quedado con Ahmet, alguien que podría ser catalogado como un emprendedor compulsivo. Nos ponemos al día y empezamos a hablar de cómo está la situación en Berlín: mucha start-up que no acaba de despegar, emprendedores que no piensan en grande y siempre acaban siendo comidos por peces grandes americanos, inversores alemanes  demasiado conservadores, etc. Pero al fin y al cabo, a pesar de los pesares, coincidimos en que Berlín es algo único a nivel europeo.

Quizás está a años luz de lo que es Sillicon Valley, pero nadie puede negar que Berlín ha tomado la delantera en el viejo continente. El dinamismo que hay en la ciudad es extraordinario y las oportunidades que existen para tirar algo para adelante son únicas. Empresas o emprendedores encuentran alquileres que serían impensables en ciudades como Londres o París y, por otra parte, disponen de una inagotable demanda de jóvenes muy bien formados que, atraídos por la calidad de vida berlinesa, están dispuestos a trabajar por menos de lo que pedirían en otras ciudades.