
Me imagino que le pasa a todo el que sale de su pueblo y cambia un poco de aires, inevitablemente llega el día en el que ve algo que le hace pensar "Qué flipaos están los X". En nuestro caso X = Teutón. Aunque seas la persona menos dada a las generalizaciones, aunque todo lo que diga el Choped en sus bodrios de Berlinología te parezcan rebuznos de un viejo resentido, aunque hagas todo lo que está en tu poder por entender al prójimo, algún día te dirás, aunque sea para tus adentros y de manera diplomática, "Estos alemanes son peculiares."
Eso me pasó hoy cuando me topé por cuestiones profesionales con "Meine kleine Farm" (Mi pequeña granja) una página web creada por un estudiante berlinés (Dennis) para que el que se quiera comer a un cerdo, tenga los huevos de verle primero a los ojos. Está asociado a un excéntrico y apasioanado porcicultor (Bernd) que defiende el motto, "el que se come a un cerdo, tiene que estar preparado para matarlo." Por suerte, predominó la idea comercial del berlinés, así que con verles a los ojos basta.
La idea de los fundadores es que los compradores sepan que los cerdos vivieron felices antes de ser masacrados, crear consciencia y buen karma "für sich, die Tiere und den Rest der Welt". Sí, putos hippies. Los vegetarianos, como era de esperarse, están indignados, no podía ser de otra manera, les parece grotesco que "el que quiere puede escoger cual vida será exterminada". Pero para Bernd y Dennis, Meine Kleine Farm garantiza "Meat with a mission". Quiere que la gente vuelva a entender la relación entre los miembros de la cadena alimenticia y si es posible, reducir de alguna manera el consumo de carne.