El cine fortalece mitos, y también los crea.
En nuestra era hipervisual, hiperinformada, el poder de la imagen encuadrada en una pantalla supera largamente la impresión que nos deja el estar realmente en el lugar.
El 11 de septiembre de 2001, yo vivía en Argentina desde hacía veintiún años (toda mi vida hasta ese punto). El cine que consumía hasta ese momento, había sido predominantemente "yanqui", y lo hubiera sido del todo, si no hubiera empezado a interesarme por los clásicos mundiales y el cine europeo, gracias a la apertura del Cineclub Municipal de Córdoba, a los contenidos de mi carrera (Comunicación Social-Periodismo) y a que mi amiga y compañera de piso Anahí, empezó a estudiar cine.
