Aunque pocas veces estoy de acuerdo con el Choped, y en lo personal me parece un auténtico hijo de puta, la verdad es que en lo esencial del mensaje que he podido sacar de su imparable e insufrible verborrea, estoy de acuerdo: la mayoría de los gilipollas que llegan hoy en día a Berlín (y también los de ayer en día y anteayer en día) creen que son la gente más cool del mundo porque viven en la ciudad más cool del mundo.
Mi postura frente a este fenómeno ha sido la más absoluta indiferencia, ya que cualquier subnormal cuya ambición se reduzca al coolismo no merece un segundo de mi tiempo.
Sin embargo, me acabo de topar con una prueba tan demoledora de que esta ciudad se fue a la puta mierda que no puedo sino dedicarle a esa deplorable masa de gilipollas este bello y cordial artículo.
A ver cómo hago para que a nadie se le escape la moraleja...
Preguntas: ¿Cuándo podemos afirmar que una ciudad se ha vuelto una caricatura de sí misma, una farsa, una mala imitación de lo que fue? ¿Cuándo podemos afirmar sin contemplaciones que una ciudad se fue a la mierda?