Crónica Buika@Astra

Imagen de Berlin_über_Alex

Sin miedo y del todo desinhibida se presentó Concha Buika en la sala Astra, acompañada de una banda más eléctrica que en su última visita para desgranar su disco más reciente; un potaje de estilos que como en anteriores entregas no terminan de combinar bien en el guiso. Y es una pena porque con “La noche más larga” había logrado por fin encauzar sus muchas influencias y sonar con una concreción que beneficiaba al conjunto.

El concierto se abre con “Vivir sin miedo”, que además de un noble propósito es la canción que da título al disco. Un dub brumoso que sirve a Buika para calentar la voz y a las musas. Ojos bien cerrados y apretando los dientes, bastan dos minutos para que la bestia escénica se desate y despliegue un torbellino de registros y emociones: Del susurro al quejío casi punk; de la pena que está a punto de romperte a la risa contagiosa. Sus anécdotas y reflexiones en spanglish funcionan incluso con los que no entienden parte del discurso.

Intuyendo que va a ser una noche mágica, interrumpe el segundo tema ya empezado porque necesita un minuto para asimilarlo. Como una Nina Simone más flamenca, como La Lupe tatuada pero sobre todo como ella misma, transforma el vocerío del público en Jam session, hace scat sobre un tumbao o confiesa intimidades como si el concierto fuese su diario y su terapia.

El orden previsto de canciones ya no tiene sentido así que con la cabeza inclinada hacia el suelo, apoyando una mano en su frente y alargando la otra al cielo, invocaba las canciones que iban pidiendo paso. Y así fueron sonando desde las más recientes como la lograda versión de “Siboney” a las celebradas “Jodida pero contenta” o “No habrá nadie en el mundo”. 

En lo musical, a su mezcla de Latin Jazz con raíces africanas le sienta bien el reggae y no tanto el insulso tonteo con el jungle pero la fuerza de su personalísima voz hace que toda la sala acabe bailando y coreando con ella.

En definitiva, un concierto con momentos irrepetibles y otros más prescindibles. Todo mezclado, como los estilos y las emociones.

Berlin über Alex.

Foto: Mike Menzel

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