El cuento del lechero

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El cuento del lechero

por

Prof. Dr.-Ing. Rec. Nat. habil. Pol. Blog. Dem. Gas. A. Shopenhaua

Hola a todas las señoras de buena alcurnia, pueden sentarse, la clase va a empezar.

Hoy voy a dar una clase sobre un emprendedor al cual pocas palabras bastan.

Hoy en día usted tiene tendencia a pensar que los grandes emprendedores son unos hijos de puta por definición. Pero esto es debido a que en España los grandes potentados y “emprendedores” que plagan las cúpulas piaras empresariales, o bien son unos nuevos ricos paletos de palillo en boca, puteros-mujer-peggy, camisa de rayas y gomina en calva mojada, o bien descienden de una estirpe caciquil, nobles de sangre sucia, sin más principios que el $, o bien son las dos cosas, que son en realidad lo mismo.

El resto de emprendedores son hordas de muertos de hambre que en imitación de Alemania se han declarado autónomos y nadan en un mar de precariedad y neo-esclavitud empresarial, dando sus tarjetas de visita a diestro y siniestro sin apenas haber dicho su nombre y esperando recoger los mendrugos y las sobras que les caen, como perros contentos bajo la mesa de los amos.

Este es el panorama. Conseguidores y conseguidos.

Bien hoy voy a hablarles de un señor que conocí dos veces, la primera vez como mi estudiante cuando yo era profesor de un instituto en Berlín a finales de los 840 (ya saben, Revolution!, bueno no, usted no sabe nada) y luego a principio de los 860 cuando ya siendo un hombre hecho y derecho me pidió dinero para hacerse empresario de la construcción.

Les hablo de “Bimmel Bolle” o Carl Andreas Julius Bolle para los amigos.

Joder Chupinauer, ¿qué pasa ya se te han acabado las historias actuales? ¡Hasta los huevos de todos estos carcas, joder! Habla ya de cosas guapas, Berlín, guapo, DJ’s cools, restaurantes, sitios donde ir a hacer LA POSE, la POSTURA, arte conceptual para los que no sabemos dibujar, gentrificación, emigración, feminismo matriarcado, mamis piradas, ya sabes, dame la opción de opinar algo, cosas fáciles, para opinar ¡eh? El alemán, las costumbres, no sé ...cosas facilongas... como te diría, habla de cosas de LIKELIKE, pero historia otra vez no, eso no Txoppi.

Cállese mendrugo, esto no es historia, esto son historias y ahora a copiar, la letra con sangre entra.

El tío Bolle, que es conocido por todos los berlineses menos usted, me pidió dinero en 1860 para comprarse unos terrenitos al lado del Spree.

Con los terrenitos construyó unas casitas que vendió y alquiló.

Con el dinero de las casitas se compró otros terrenitos en los alrededores de Berlín para la explotación agropecuaria.

Con el dinero de las explotaciones agropecuarias se montó una distribuidora de pescado, como el pescado se le pudría en verano, Bolle ideó una estrategia, en el invierno recogería hielo del Landwehrkanal, lo guardaría entre serrín y maderas para así disponerlo en verano de manera que no se le pasara el pescado, busque Bolleufer.

Recogiendo hielo para cubatas

Con lo que sacó del pescado y del hielo (un mega-pelotazo) se hizo construir una fábrica de hielo a orillas del Spree.

¡Mira teta que chuli! Edificios abandonados que tenían los nazis durante lo del muro en Berlín este, al lado del Kater Holzig, seguro que forman parte del decorado cool, raf raf, guau, grrr, dame otra rosca que me estoy animando. Cuánto sabemos de Berlín.

NO, son restos de la fabrica del tío bolle, infórmese aquí.

Con la pasta a mansalva que sacaba de la fábrica de hielo Bolle decidió empezar un negocio de reparto de leche fresca casa por casa. Eso era novedoso, hasta la fecha la gente iba a la lechería con las lecheras, luego a hervir y venga.

Bolle les llevaba en carro la leche a casa, hasta pasteurizada, fría, con su hielo y si quieres pescado también.

El del bigote le mete una hostia si no le compra leche.

Con la pasta que le daba el reparto de leche se hizo construir un mega centro de logística, distribución y procesado de la leche a orillas del Spree, en Moabit, mi barrio preferido.

Fuente Spree Bogen

Joder como crecía Bolle, el tío tenía los mejores precios de la leche, todo berlín le conocía.

„Preise wie bei Bolle"

„Sich wie Bolle uff'm Milchwagen amüsieren“

Son algunos de los refranes que han perdurado hasta hoy, lo que pasa que usted no los sabe porque de Berlín sabe lo justito justito, o sea nada relevante.

Con la megapasta que sacó de lo de la leche, los agropecuarios, el hielo, los pescados, las vacas, sus cacas para piensos, los terrenos, los alquileres y las casas consiguió finalmente un montón de dinero y le pasó lo que les pasa a todos los que amasan un montón de dinero, que al final cuando son muy ricos muy ricos se mueren.

Bien hecho tío Bolle.

Los hijos, nietos, yernos y que se yo que más se quedaron lo del abuelo y siguieron con lo de Bolle, creando una cadena de supermercados que incluso sobrevivió al nazismo, fue pasando de manos revendido de aqui pallá, pim pam pum, dónde esta la sota, como hacía el tio Toribio para explicar lo de que la corrupción no afecta la imagen de la Marca España.

Ese logo es muy bueno, berliner design.

El día uno de mayo de 1987 le pegaron fuego a uno de sus supermercados, yo lo ví, fue en U-Bahnhof Görlitzerpark  los links radikal rompieron un poco los escaparates y un pirómano que nada tenía que ver con las protestas le pegó fuego.

El supermercado de Bolle se calcinó hasta las entrañas, hasta los bratwurst se calcinaron, casi más que los que venden por ahí.

 

Oh que sha quemau el Bolle

Hoy ahí en el mismo sitio han construido una mezquita, está todo pagado.

Hola, me voy a hacer el cool-guayas al Görli

Hoy algunos REWE son ex-bolle y ex-spar, es muy dificl saber quien le está dando de comer.

La industria alimentaria alemana está basada en la charcutería envasada al sabor pedo, los dulces y poca cosa más. Todo barato y tirado, lo ideal para cuando sus compañeros de oficina le invitan a desayunar porque es su cumpleaños. Aquí lo expliqué: Comer en Berlín.

¿Oye Txopet, muy bien, pero que pasó con el supercomplejo de Bolle en Moabit? La lechería. ¿Queda algo, se puede ir ahí con la réflex a hacer fotos cool y ponerlas en mi web para que sea la web número 10.001 millones con fotos chulas de Berlín?

Pues sí, queda un buen complejo, vaya allí, que hará las delicias de su réflex y le va a dar muchos likes en su perfil de pinterest o lo que sea.

Esto está al final de la Kirchstr. en la orilla del Spree, hoy es el ministerio del interior, Bundesministerium des Innern (no por mucho tiempo, pero eso es otra historia), localización.

Una orilla mucho más bonita que la mierda del Maybachufer.

Ahora salgan por ahí a hacer que saben mucho gracias a mí y el uno de mayo tendrán una historia con la cual impresionar a sus amigos de pancartilla en Mariannenplatz de protesta.

Protestando el 1ro de mayo en Kreuzberg

Muy suyo

A. Shopenhaua

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Comentarios

Una historia muy interesante

Una historia muy interesante superhauer, aunque un poco metida con calzador para el 1 de mayo...
recién levanto la cabeza de la resaca y ya es viernesssss...subidon subidon subidon

Imagen de A. Shopenhaua

realmente

No sé que contestarle... pero da igual porque siendo hoy sábado, Vd. no será persona hasta el miércoles.

Muy suyo

A. Shopenhaua

El cuento del lechero

Muy interesante su artículo sobre Bolle. En mi opinión le falta un cometario sobre "la Guerra de la Leche de Berlín", hacia 1904, en la que se vio muy implicada Lydia Rabinowitsch-Kemper, investigadora en el Moabit Krankenhaus, y las factorías lecheras de Carl Bolle. Pero le repito, francamente interesante su acercamiento y muy agudos sus comentarios sobre los "capitalistas de tres al cuarto" hispanos.
Un cordial saludo,
Guillermo Olagüe

Imagen de A. Shopenhaua

Cierto

Ahí esta esa historia. Kempner, ojo a la escritura.

http://www.biospektrum.de/blatt/d_bs_pdf&_id=993756

Sobresaliente absoluto para usted.

Muy suyo

A. Shopenhaua

Gluuuuuub!

Gracias por su llamada de atención. Efectivamente, es Kempner. Si se fija, hay otra errata mía (cometario, por comentario) y es que esto del teclado no se me da muy allá. El artículo que me recomienda es francamente bueno. Gracias de nuevo. No estaría de más que con su gracejo escribiera algo sobre el hospital Moabit.
Un cordial saludo,
Guillermo Olagüe