Cuerpo de excursión

Imagen de pilimili

Cuando eres pequeño y estas en el cole, las excursiones siempre te han encantado. Son días que sabías que eran como fiesta pero mejor, tu madre te hacía bocadillos, llevabas una lata de refresco (o dos los más afortunados), te sentabas con tu mejor amigo en el autobús, peleándote por los asientos del fondo, y cantabas hasta quedarte ronco. Esa noche se dormía regular y se estaba medio nervioso,  así que cuando pasan cosas que aún ahora te hacen sentirte así, con aires de expectativa, lo llamo “cuerpo de excursión”. Seguro que todo el mundo se ha sentido así en una primera/segunda cita, antes de saber una nota importante, o al hacer un viaje alucinante.

El cuerpo de excursión tiene efectos secundarios; estás levemente despistado, como si tuvieras la cabeza en otra parte, lo que lleva, por ejemplo a comprobar tres veces si has cerrado con llave el coche, o rebuscar tus gafas de sol por tu bolso cuando las llevas en la cabeza. También conlleva euforia súbita que se desata con cualquier tontería, como oír una canción o un claxon.

Pues yo el martes tenía cuerpo de excursión. Veía la televisión alemana, las entrevistas a la selección teutona y los profundos análisis sobre facultades futbolísticas, y la impresión era de una cortés deferencia por las facultades de la Roja pero una innegable seguridad en la victoria alemana. Pero no sé por qué me entraba por un oído y me salía por otro.

Una vez cumplidas mis obligaciones del día, el miércoles me pase un buen rato viendo vídeos de la Eurocopa 2008 y el pulpo Paul. Para ambientarme. Luego salimos de casa hacia en Tentstation temprano para hacer un poco de barbacoa e ir situándonos para el partido. El cuerpo de excursión se mostraba y todos nos saludábamos como si no nos hubiéramos visto en un año, nos pintábamos banderitas y reservábamos un buen asiento frente a la pantalla, cerveza en mano, bandera en cuello.

Empezamos a calentar el ambiente con todo tipo de cantos, que siempre vienen bien para eliminar tensión. Y desde el primer minuto en que ví que el equipo alemán no pasó del medio campo propio y nos esperaba, lo supe. Lo íbamos a conseguir.  Fueron 90 minutos en los que la euforia fue ganando poco a poco a la mesura inicial, viendo que íbamos a repetir lo que en la Eurocopa logramos. Los cánticos fueron creciendo hasta silenciar a los alemanes que nos rodeaban, en clara mayoría pero impotentes antes nuestra voz y nuestro fútbol.

Y al final, desatados y afónicos, nos abrazamos todos, conocidos o no, seguidores españoles, y recibimos las sinceras felicitaciones de los germanos, que si bien quieren ganar, saben perder con absoluta maestría, ya quisiéramos nosotros.

¡Y todavía nos queda la Final! Mmm, el cuerpo de excursión se quedará conmigo hasta el domingo. Y que dure.

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