Danzad malditos, danzad...

Imagen de Andreu

Romper el silencio traído a mi cielo bajo Berlín por estas fechas que nos obligan a celebrar, de  las que no se escapa nadie porque la Navidad es ya una obligación global y globalizada. Es lo que hago con este post: mientras Berlín se viste con el blanco de la nieve y las tiendas se llenan de gentes ávidas de consumir amistad y cercanía, en el subsuelo de la ciudad bullen danzas liberadoras, aunque ésa sea una libertad con una inevitable e inapelable fecha de caducidad: la llegada de la luz del día, o de los restos que el invierno berlinés nos deja de ella

Esta semana tuve la oportunidad de visitar un club subterráneo y con un reconfortante sabor de subterfugio que quizá ya conozcáis. Yo había oído hablar del Icon, pero nunca antes había tenido la oportunidad de bailar en él. El Icon Club, enclavado en Prenzlauerberg, es centro de la escena de drum&bass berlinés, aunque no sólo, donde pincha de tanto en tanto la ilustre figura del jungle británico y pinchadiscos de la BBC Dj Bailey.

La sesión electrónica del pasado martes, con momentos que rayaron con el bakalao de los salvajes años 90 valencianos, nos arrancó las pocas fuerzas que nos quedaban y nos llenó de vida. Para que os hagáis una idea de lo que fue, uno de los djs, Adamm Supersonic, me reconoció a las ocho de la mañana con una admirable lucidez que una de sus influencias estilísticas es Chimo Bayo. ¿Quién dijo que Valencia sólo exporta cítricos y sinvergüenzas? Hoy más que nunca, viva la fiesta: danzad malditos, ¡danzad!

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