Davos, ¿el centro del mal?

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Un año más y la antigua ciudad balneario en las montañas suizas, Davos, se vuelve a llenar de todas aquellas personas deseosas de hacer negocios, cueste lo que cueste, en el marco del Foro Económico Mundial. La elitista estación suiza, cuya montaña inspiró el famoso libro de Thomas Mann, se doblega durante una semana a los caprichos de cerca de 2600 líderes de la política y grandes empresarios, realeza de países tan dispares como Arabia Saudí o Noruega, líderes políticos como Merkel o Cameron, millonarios como George Soros, o ejecutivos de Facebook y Google.

Estos días el intercambio de tarjetas de visita y estrechar manos se convierte en el deporte nacional. Lo importante es ver y dejarte ver. No importa de dónde seas, lo único que importa es saber que si estás dentro es que tu cuenta corriente desborda ceros.

La entrada sencilla para poder acceder al interior del edificio de congresos cuesta 20.000 dólares, a lo que hay que sumar gastos varios, por lo que normalmente la cuenta total suele ascender a 40.000 dólares, eso sólo para las personas sencillas, es decir, las que se limitan a ir al Foro, porque los hay que alquilan plantas enteras de hoteles de lujo para poder maquinar más a gusto qué negocios suculentos les reportarán más dinero. Es ahí, tras las puertas cerradas de miles de habitaciones en los hoteles más selectos de Davos, donde se corta el bacalao.

La banda sonora de la ciudad la compone el ruido constante de los helicópteros que sobrevuelan la estación de esquí. No son sólo de la policía avisando de la llegada de algún pez gordo, sino también de participantes VIPs que se niegan a hacer el camino de Zürich a Davos por medios terrestres y prefieren desembolsar los alrededor de 5.500 dólares que cuesta el trayecto.

Pero ahí no queda todo. Los efectivos de la policía convierten la ciudad en una zona sitiada, donde sólo los poseedores de una tarjeta mágica del Foro pueden andar a sus anchas por la ciudad y donde los periodistas van de un lado a otro corriendo, intentando pillar a alguien que les dé un gran titular, algo milagroso si tenemos en cuenta que normalmente nadie dice nada nuevo y los que se dedican a dar vaticinios sobre el futuro, cuales gurús económicos mundiales, nunca dan en el clavo (el euro sigue a flote, la UE no se ha resquebrajado y de momento, aunque no sabemos por cuánto tiempo, Grecia sigue a flote...).

Lo más curioso es que uno de los temas centrales este año es si el capitalismo tiene futuro, lo gracioso es que quienes se lo preguntan son ellos mismos y su respuesta todos sabemos cual es. Los mismos que crearon los problemas en los que nos vemos sumidos estos días, son lo que supuestamente nos van a sacar de ellos. Esto mismo es lo que claman desde el alejado campamento de Occupy WEF en Davos.

Bajo el letrero de “Bienvenidos al WEF(World Economic Forum), donde el 0,00001 % destruye nuestro futuro”, veinte escasos miembros del movimiento Occupy Zürich intentan hacerse oír en una ciudad donde todo el mundo mira hacia otro lado, como si eso no fuera con ellos. Prueba de ello, es el lugar donde les han dejado acampar. El sitio seleccionado está escondido detrás de las vías del tren. Para llegar a él tienes que preguntar unas cuantas veces. Tres iglúes y un par de cabañas se encargan de protegerlos del frío donde apenas llaman la atención de unos cuantos curiosos y de algunos medios de comunicación que se acercan a entrevistarles.

Se han trasladado durante esta semana a Davos para intentar hacer llegar su mensaje a los políticos. Les resulta indignante que personas que no han sido elegidas democráticamente por el pueblo se dediquen a manejar los hilos del mundo cuyos efectos recaen sobre todas las personas.

 

Sin embargo, un par de kilómetros más allá, en el Centro de Congresos, los líderes políticos y empresarios hacen oídos sordos. Merkel volvió a repetir su mensaje de que lo importante es potenciar la competitividad de los miembros de la UE y se le volvió a llenar la boca al hablar del futuro del proyecto europeo para lo que pidió una mayor cesión de competencias de los países miembros, aunque esta vez y sin que sirva de precedente, decidió dejar de lado su ya famosa frase “si fracasa el euro, fracasa Europa”.

 

 

Por su parte, Cameron, cual “showman” en el escenario de la sala de congresos, se alzó como el defensor a ultranza del capitalismo puro y reivindicó más ayuda para las empresas, a pesar de que algunas voces se alzan ya para hablar de una posible transformación del capitalismo. Y no dudó en criticar las medidas de protección social promovidas por la UE, que según él, son “innecesarias”.
 
Escuchado esto, no creo que nos quede mucho más por oír, por lo menos en lo que a mí respecta y en esos momentos la pregunta de ¿qué demonios hago aquí? vuelve a cobrar fuerza.
 
¿Qué pasaría si todos los medios de comunicación que nos vemos obligados a cubrir este tipo de eventos no acudieran?Si nadie hablara de ellos, seguramente los primeros en caer de la lista de participantes serían los líderes políticos y a continuación, numerosos empresarios de su entorno...¿podría ser esto el principio del fin? Por desgracia, los sueños suelen quedarse sólo en eso, en sueños.
 
Por eso, lo más probable, es que el año que viene el Foro Económico de Davos vuelva a abrir sus puertas, aunque este año las cierre, seguramente, dejando tras de sí largas jornadas de conferencias donde no se llega a nada en claro y cuyo objetivo no es otro, que ser durante una semana, el centro del universo, o deberíamos decir, ¿el centro del mal?.
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Comentarios

Imagen de A. Shopenhaua

Egresada Almu

Leo sus escasas publicaciones con interés. Estoy contento de ver como se justifica el 1.0 cumlaude que le dimos en su defensa de tesis.

CASI COMO JUANMA que va a haber que aprobarlo con un AUSREICHEND o 4.

Muy Suyo.

A. Shopenhaua