El espectáculo debe continuar

Imagen de Andreu

Samuel Koch tiene 23 años, es guapo y estudiante de arte dramático. Todo un deportista. "Es el hijo que cualquier madre desearía tener", dice la presentadora, tomándolo por un brazo y mostrándolo a las cámaras. Samuel es, en efecto, el héroe perfecto, el producto idóneo para vender a un sábado por la noche a la millonaria audiencia de uno de los programas de televisión más vistos de Alemania: Wetten dass...?. No es la primera vez que aparece en este blog. Esta ocasión, sin embargo, es tristemente diferente.

Como probablemente sabréis, el programa consiste en invitar a personas corrientes y molientes que se autoimponen retos más o menos complicados, más o menos peligrosos, para darse un baño de fama, para alcanzar las mieles del estrellato. Aunque sea sólo por un día. El reto de Samuel es saltar cinco coches de diferentes tamaños haciendo una pirueta con unos propulsores elásticos. Cuenta con cuatro minutos para ello. Nada fuera de lo común dentro de la esencia profundamente kafkiana del programa. Su madre y sus amigos están presentes. También políticos de primera fila del Estado desde donde se emite Wetten dass...?. Todo está preparado para la hazaña: la gente sonríe y jalea con fervor a su héroe de usar y tirar.

Samuel consigue saltar el primero de los coches. El segundo salto es abortado en el último momento por el propio concursante. El tercero también lo salta. En el cuarto de los coches, conducido por su propio padre, Samuel se golpea la cabeza con el cristal delantero y cae de boca contra el suelo. La más cruda realidad rompe repentinamente la destellante ficción televisiva como una piedra rompe un bonito escaparate. Se hacen entonces añicos el sueño de Samuel además del silencio entre el público, sólo roto por la voz del presentador que, en su intento por tranquilizar a la audiencia, suelta frases tan afortunadas como: "Te has hecho daño?". Samuel se acaba de dañar gravemente la médula espinal y la columna vertebral, pero ni la audiencia ni los presentadores lo saben todavía.

Las cámaras enfocan por unos segundos el cuerpo inmóvil del héroe derrotado. La realización del programa decide entonces que la grave lesión de Samuel ya no debe formar parte del espectáculo. La selección de planos va desde las caras aterrorizadas de los famosos presentes en el plató hasta un plano total del público, que no casi no puede creer lo que ve. Quizá en un intento de no dañar la sensibilidad del público, quizá por miedo de romper la bola de cristal de la ficción televisiva. 

Sí, la televisión es como una máquina de picar carne: absorbe a aquél que se acerca a ella, lo hace picadillo y lo desecha. Rápida, efectivamente y sin contemplaciones. Como escribió el sociólogo estadounidense Neil Postman sobre la sociedad del espectáculo, aquí se trata de "divertirse hasta la muerte". O al menos, hasta rozarla. Pero ello no debe suponer un obstáculo para que el divertimento siga: el director del show, Thomas Bellut, afirmó ayer mismo que el programa continuará pese al desgraciado accidente. En esta decadente sociedad de pan y circo que se cae a trozos, el espectáculo debe continuar. Cueste lo que ello cueste.

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Comentarios

bien

Wow, la verdad es triste y patetico....no conocía ni el programa, ni había escuchado del accidente...