'Gnadenlos' ('Sin compasión')

Imagen de Andreu

"Somos una generación que pese a haber sido estafada y engañada, esclavizada como fuerza de trabajo barata y torturada psicológicamente con la inestabilidad laboral, tenemos todavía insertada en nuestro cerebro la idea de que si trabajamos duro se nos recompensará, creceremos, nos ganaremos algo, pensé. Y esa idea es la mayor mentira de todas las que se nos ha inculcado por medio de la educación directa (padres) y de la indirecta (televisión), y han sido muchas. Nos han enseñado a creer que el trabajo es algo que te devuelve los esfuerzos que has invertido en él. Que quien se esfuerza y es bueno en lo que hace, siempre tendrá trabajo. Y tú no dejas de ver gente con el cociente intelectual de un tejón bizco dirigiendo empresas, agencias, departamentos.”

Una novela que incluye fragmentos como el que abre este post es, sin duda, una novela necesaria en los tiempos que corren, pienso al releer el párrafo, como saboreando una idea ya amasada por mi cerebro antes de abrir esta deliciosamente destructiva y por momentos profundamente pesimista historia. ¿Quién dijo que ser trabajador y honrado era suficiente para triunfar? Es una de las preguntas que se hace Ralph del Valle, escritor español nacido en Londres y berlinés de adopción, con su novela Gnadenlos ('Sin compasión', para aquéllos que vayan justos de alemán). 

Gnadenlos es un paseo por las ruinas de un modelo económico y social que no sólo es capaz de robarnos los derechos laborales más mínimos, sino también la mínima dignidad vital que nos debería exigir nuestro amor propio. Gnadenlos es la historia de un joven español, licenciado en cualquiera de esas licenciaturas tan etéreas llamadas Publicidad y Relaciones Públicas, Comunicación Audiovisual o Periodismo, que llega a Madrid con ganas de comerse el mundo y que al final acaba tragándose sus propios sueños. 

 

El protagonista de esta novela, íntegramente escrita en Berlín, deambula laboralmente por algunas de las principales agencias de publicidad de la capital española. Y sus peripecias nos confirman nuestras peores sospechas: que todo era mentira.

"De hecho, cuando mayor es el título laboral menos trabaja esa persona: es casi una ley física que se extendía de forma vírica por todas las empresas en las que abundaban los Managers de Comunicación y los Adjuntos a a Dirección, todo para denominar a meros licenciados sin una función concreta".

Nos han preparado para un mundo que ya no existe, para un mundo que era mentira, afirma Ralph, quien dice proyectar en su primera novela publicada por una editorial la frustración de una generación que ronda la treintena y que, ante los escombros de ese futuro prometido e inexistente, intenta buscar una salida a la desesperada. Gnadenlos es un paseo generacional por el mundo de la publicidad y el marketing (algo que sirve para todo y que no es nada, en palabras del propio autor), pero también una reflexión sobre un país llamado España, un país atrapado entre un pasado que no fue como nos lo contaron y un futuro que no será como nos lo prometieron.

“España es un país corrompido, que copia los peores modelos macroeconómicos estadounidenses en un patético y desesperado intento por dejar de ser el norte de África y asimilarse con el entorno, esto es, ascensos rápidos, despidos baratos, desgravaciones a las empresas y desaparición del Estado y sus servicios públicos. Y la publicidad es sólo el ejemplo más extremo de la epidemia de modernidad falsa que sacude España, donde se quiere pasar de la maleta de cartón al móvil con 3g en un instante, abolir el pasado, acortar toda transición.”

Gnadenlos es una patada en los huevos de la farsa publicitaria pero también en la entrepierna de un modelo socioeconómico que ya no funciona, como demuestra la omnipresencia de la crisis en todas las esferas de nuestras vidas. Gnadenlos es un portazo dado bien fuerte que se escucha nítidamente antes de abandonar ese falso mundo para no volver nunca más a él. La ventaja de descubrir la farsa, pese al pesimismo, la acidez y el cinismo que ello pueda generar, es que, al menos, uno ya sabe lo que no quiere. Y eso es todo un paso adelante.

“La propaganda ha evolucionado, pensé, antes la propaganda era clara y perseguía un fin político o económico o militar (son sinónimos), pero ahora la falsa palabra se ha independizado. Antes se proclamaban mentiras, ahora se declama cháchara, nada, irrelevancia envasada al vacío. Ahora no se trata de convencer a nadie: no hace falta. Las reglas del juego ya no dependen de la propaganda para consolidarse: ahora todo está ya hecho y queda sólo el rumor aprobatorio, inocuo y estéril de la falsa palabra. Y dándole voz a ese rumor, una pequeña voz más de fondo, trabajo yo, en publicidad, violentando verbos, fabricando falacias, generando pequeñas mentiras cotidianas cuyo único fin es reforzar la estructura de la mentira que es esta realidad gobernada por la falsa palabra, que es la falsa palabra. Sí, definitivamente hay que abandonar este barco, me dije,....”

Su voto: Nada Promedio: 8.3 (11 votos)
 

Comentarios

Lo leí hace tiempo, y el

Lo leí hace tiempo, y el libro descubre mucho más de su autor que de lo que habla.

El autor es fatuo, soberbio, despectivo con quién no piensa como él. Se cree superior al resto.

Y lo más importante: un amargado y muy rencoroso.

Respecto a la novela, malilla tirando a mala.

Hala, a volver a hacer publireportajes por la cara!

A cuanto está el gramo de

A cuanto está el gramo de pseudo-post publicitario en Berlunes?

Pues que ladren...

...que yo me lo leí y me encantó. Quien se pica, ajos come.