Loriot

Imagen de Smoboda

Me presento: soy Smoboda, barista, escritor y una auténtica vergüenza para Prenzlauerberg. Llevo dos años pudriéndome en este sitio trabajando por las noches y de día me dedico a escribir novelas que no interesan a nadie. O eso intento.

Al igual que muchos también vine persiguiendo un sueño pero para terminar teniendo insomnio, lo cual me atribuyo como una gran victoria. Está bien. Sé que cada vez que tengo que coger un avión para volver a la península ibérica me entran calambres. Tengo claro que aquí realmente estoy, en el exilio del primer piso, parrafeando, leyendo las noticias, tomando scotch del malo y preparando café. No es nihilismo, sino la perpetuación de una vida de bajos ingresos en otra de sus muchas variantes. Es realmente así.

Algo que me hizo pensar  fue lo que ocurrió el otro día: El otro día a través de una red social en la que como de costumbre no conozco a nadie, me entero de que un señor de 85 años murió la noche del lunes. Para ese día, tenía la intención de echar un artículo que aún está agonizando en la papelera de reciclaje y que pese a ser bastante más truculento, se ha quedado pequeño con la historia que toca contar. Dicho señor se había tirado décadas dibujando monigotes y haciendo chistes. Su nombre de guerra era Loriot y tenía su propio juego de cartas, un par de buenas películas, una serie de sketches y unas viñetas en el periódico, por lo que si uno mira atrás y va sumando, en el fondo nos ha dejado con numerosos momentos desternillantes que para muchos van a resultar  difíciles de olvidar. Bravo por el maestro.

¿Pero quién era ese vejete tan simpático que definió tan bien el inexistente sentido del humor alemán? El hombre que a algunos les hace recordar la candidez del monólogo de Joan Capri, el artista que llegó a trabajar de forma incansable durante muchos e incluso ya muy mayor en sus últimos años, el señor con el que muchas familias han crecido y para las cuales él era casi como uno más, el cómico que no tuvo nada que ver con todos los que hoy en día ocupan unas parrillas dominadas por lo casposo, el que hasta hace poco seguía dando una lección de modos a los humoristas que se comportan como sucedáneos de todo lo que sale del Saturday Night Life y que se apartó de la guasa para encontrar la risa más honesta, sigue incomprensiblemente siendo casi un desconocido en España, país que en su momento también gozó de grandes cómicos que partían de un humor blanco irrepetible. Es por eso que desde hacía tiempo tenía ganas de reivindicarlo y presentarlo a la gente.

Se dice muchas veces que el sentido del humor en Alemania es nulo. La verdad y citando al director de cine Dieter Wedel, los alemanes no tienen ningún sentido del humor. Los alemanes tienen a Loriot. Gracias a él, algunos nos dimos cuenta de que aquí, uno también se puede reír de verdad. 

Vicco von Bülow, descendiente de una familia de nobles prusianos, nació el 12 de noviembre de 1923 en Brandenburgo del Havel. Hacía tan sólo cuatro días que Adolf Hitler había pegado el famoso golpe de estado, conocido como el Putsch de la cervecería, en Munich. Sus padres se separarían pocos días después. Por aquél entonces, y por primera vez en la historia del hombre, un aeroplano sobrevolaba el Antártico. Pero aquí quién aquí realmente importa es la abuela, porque al fin y al cabo fue quien lo crió: El padre, se desentendió bastante y  la madre moría joven, cuando Vicco tan sólo tenía seis años de edad. La abuela fue quien se lo lleva a ese Berlín con aires de posguerra tantas veces idealizado pero igual de sucio que en las fotografías, ese Berlín en el cual, ser un aristócrata te convertía en un pordiosero más que por lo menos podía permitirse el lujo de realquilar las distintas habitaciones de un palacete reconvertido en vulgar pensión. Pese a los títulos y el peso de la más rancia tradición , los nobles estaban tan  arruinados como el que más, y Berlín entero, más que una metrópolis, tenía el aspecto de un gigantesco burdel que hospedaba a la peor calaña de todos los rincones de Europa. Vicco por aquel entonces era un estudiante que ya de forma temprana, se distraía pegando sus primeros garabatos. No es de extrañar que cuando empezara la Segunda Guerra Mundial, todavía tuviera edad para estar en la escuela y no ser enviado al frente con los demás, pero como a otros y por falta de hombres, lo graduaron a través de un cursillo especial de urgencia para que al cabo de poco, pero sobre todo, gracias al linaje de los Bülow (porque se ve que de ahí salieron unos cuantos militronchos bastante chungos), se lo nombrara oficial y se lo destinara tres años a Rusia para llevar un regimiento de Panzers, lo cual no creo que a un dibujante que soñaba con hacer diseño gráfico le hiciera mucha gracia, pero ahí estuvo el hombre.

Es en los años cincuenta cuando empieza con los cartones animados, y de ahí saca la idea de un perro al que llama Wum y que él mismo se encarga de ponerle voz. Curiosamente es Wum quien le da la fama y a partir de ahí un éxito sólo va a suceder a otro hasta en la actualidad. En 1972 Wum aparece en la televisión cantando una cancioncilla que para sorpresa de todos, acabaría nueve semanas siendo número uno en los ránkings alemanes. Ese mismo año Julio Iglesias también sacaba su primer disco en alemán, el “Und das Meer Singt Sein Lied” (sí, existe), el cual, poca broma, vendía más de un millón de copias, pero Julio no llegó a comerse al perro. 

Cuatro años más tarde, Loriot lleva su propia serie incorporando muchos de los sketches que lo harían mítico y que arrasarían en su país tanto como el show de Benny Hill llevaba ya años seguidos triunfando en Inglaterra, pero hay que decir que, a diferencia del cómico británico, Loriot no llevaba payasadas al exceso, sino que presentaba los diálogos como plato fuerte, la ironía se teñía de indiferencia pero seguía estando ahí y por encima de todo, mantenía, sin ser un galán, un porte algo caballeresco, de hombre maduro, todo un señor que se ridiculizaba para dejar retratado al típico alemán de clase media, conocido por tener esas manías y pequeñeces que lo entorpecen todo. 

Su público era todo un país. Y el periódico del martes, por si había alguna duda, lo dejó bien claro estampando uno de sus personajes: enorme, triste y casi de luto, en plena portada, destacando la grandeza de esos seres que hacen que todo sea por momentos un poco más liviano y que con gran humanismo e inteligencia dedican su vida a hacer reír a los demás.

Nihm Smoboda

Su voto: Nada Promedio: 9.6 (14 votos)
 

Comentarios

loriot

Hola, desconozco la fecha de este post.

Paso todos los dias por la embajada Alemana en Buenos Aires y veo un afiche de Loriot, me dio curiosidad y encontre esta resena bien escrita.

Gracias.

R

PD: Finalmente, siempre hay alguien que termina leyendo lo que uno escribe.
Saludos.

buen post

Bien escrito, interesante la vida de Loriot, y graciosos algunos sketches..
sobretodo esa condición de señorón, que se pone en rídiculo tratando de mantener la seriedad del caso....
saludos y suerte con la novela...

flor

los hay sin flor o con ella y otros que teeinn un jardin para ellos sólos, madre mía que tipo más afortunado. Un saludo