Más put@s que las gallinas

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Nunca fui guapo ni nunca lo seré. Además de mi procedencia albaceteña original, mi inexistente atractivo físico es lo único que tengo en común con el gran Andrés Iniesta. Pero seguro que él folla más que yo. Es lo que tiene la fama y el dinero. Yo carezco de ambas cosas, además de no tener ni una pizca de carisma, que es uno de los pocos valores que no se pueden comprar con dinero en este mundo. No es mentiré: las ansías por follar (algo) fue una de las razones que me arrastraron a Berlín. Ya sabéis: el mitiquísimo mito de que las alemanas se vuelven locas por el macho ibérico o latino.

Después de arrastrarme como una víbora por los antros más viscosos de la noche berlinesa, de entrar a diestro y siniestro a rubias y morenas, a feas y guapas, a gordas y flacas, el resultado siempre fue el mismo: no me comí una mierda. Ni siquiera triunfé abandonando por un par de noches mi militante heterosexualidad. Os aseguró que nunca aspiré a nada del otro mundo: sólo a poder volver a Campoalbillo sacando pecho por haberme convertido (por fin) en todo un hombre. Al final no me quedó más remedio que acudir al jodido Shopenhaua para pedirle consejo: "Compra aquéllo que nunca puedas conseguir por tus propios medios. Y lo que no puedas comprar, róbalo". Ya os dije que Choped puede ser muy hijo de puta, pero es un tio con la cabeza sobre los hombros.

Después de consultar con el diccionario en mano la página de clasificados del Berliner Zeitung, me decidí por un burdel situado a las afueras de la ciudad. Una casa de putas de cuyo nombre no quiero acordarme y que tenía una oferta de tarifa plana que por aquellos días estaba levantando muchas críticas entre el feminismo más militante y políticamente correcto: por 60 euros el cliente podía comer y follar todo lo que te apeteciese (o pudiese). Me pareció un precio justo, a pesar de las críticas más duras de los que decían que esa tarifa plana suponía un ataque los derechos fundamentales "de las trabajadoras del sexo".

He de reconocer que las putas no eran gran cosa. Muy educadas y limpias, eso sí. Y todas mayores de edad, no penséis que soy un desviado sexual. Pero guapa, lo que se dice guapa, no había ninguna. Ésa es la verdad. Al final me cogió por banda la jefa: una cuarentona del Este de tetas grandes y culo orondo con cara de tener mucha experiencia. Creo que desperté en ella su espiritu maternal escondido en sus profundidades más profundas. Bibi (ése era su nombre artístico) me arrancó de las manos el plato de macarrones con tomate tras el que escondía mis miedos y mi evidente inexperiencia en la cama. Bibi me desnudó en cinco segundos y me folló en otros cinco. "Sí que vas rápido muchacho...".

Ya desvirgado y con Bibi vistiéndose a topa prisa, se me ocurrió preguntarle a la jefa puta que qué opinaba de las críticas de las feministas más recalcitrantes sobre la tarifa plana de su burdel: "Mira chico, no tenemos problemas con el número de polvos. Lo que pasa es que no ganamos para mantener bien surtido el buffet libre. Ninguno de vosotros aguantáis más de dos rondas. Pero comer gratis, eso sí que os gusta". El sexo está sobrevalorado socialmente, divagué en voz alta. "Y además somos tod@s más put@s que las gallinas", remató Bibi, sin darme cuenta de que me acababa de dar la sentencia de mi segundo post.

VAMOS TODOS AL BURDEL....!

 

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Comentarios

¿Pagand por follar en berlin?

¿Pagand por follar en berlin? Te queda mucho tiempo de becario, chaval

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Guap@!

Yeee anónim@, no todo el mundo es tan guap@ como tú, sabes? Hago lo que puedo. Si quieres kedamos?

Las cosas como son...

Lo que tienes que hacer... (aunque suene politicamente incorrecto) ES DARNOS LA DIRECCION DE LA BIBI ESA !

Que el articulo te a quedado de PM pero los demas tambien queremos follarnos a la culona esa del este a ver que tal y ya de paso comernos un plato de macarrones ok?