Mundo de Ignorantes y/o Egoístas (Parte I)

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Mundo de Ignorantes y/o Egoístas

por

Prof. Dr.-Ing. Rec. Nat. habil. Pol. Blog. A. Shopenhaua

Hola buenas tardes, tomen su asiento antes de que se lo quite otro más ignorante y/o egoísta.

 

Hoy cambio de nuevo el formato y voy a hablar sólo yo, así que no me interrumpan con sus preguntas y anoten, anoten todo lo que les voy a decir.

La gente suele decir de Berlín que es un vergel de alternativos y el paradigma de la tendencia underground y del movimiento reaccionario... Psst. Psst

HOY NO VOY A HABLAR DE ESO OTRA VEZ LISTONTO,

PERO CIERTO ES, QUE ES TODO MENTIRA

En Berlín, como en cualquier ciudad de Europa se aplican tajantemente las leyes del mercado, sí, ese mercado al que todos temen y que nadie sabe quien o qué es. ¿Cómo que nadie lo sabe? Yo se lo diré, es muy fácil, anoten:

EL MERCADO ES LA PARTE IGNORANTE Y EGOÍSTA QUE HAY EN USTED,

y en usted, y en usted, y en usted también alternativillo de pancarta con convers all-star raídas.

 Ahora que ya han entendido esto voy a seguir hablando de cosas interesantes.

Dicen que después de rescatar a Grecia y a Irlanda, habrá que rescatar a Portugal y España, de esta manera tendremos el póker de PIGS que tanto han ansiado algunos, y ya si se rescata a Italia habra repóker de PIIGS, “laaaaa mano ganadora”.

Alemania dice que ya esta harta de pagar y que no se puede rescatar a nadie más.

¡Pero un momento!

¿Qué es rescatar?

Vamos a poner un ejemplo fácil de entender porque sino nos perderemos.

Nos va a costar dos clases

Érase una vez un pueblo con 10 casas en las que vivían 10 familias.

Las familias eran muy numerosas y estaban bien organizadas, los miembros de cada familia trabajaban en casa y recibían por ello unos vales para canjear por cosas dentro de casa: ropa, comida, condones, etc.

Los vales esos eran unos simples trozos de papel firmados por el patriarca familiar donde él y sus huevos declaraban el valor de los mismos. La familia respetaba al patriarca y a sus huevos, por lo tanto los vales tenían el valor que el patriarca decía.

En el pasado habían utilizado como vales unos trozos de un metal amarillo pero debido a que la familia había crecido mucho y la cantidad de metal se había quedado corta, el patriarca había decidido quedarse el metal y hacer valer los vales de papel, respaldándolos primero con el metal amarillo y luego simplemente con sus huevos.

También en el pasado, cuando aún usaban aquel metal amarillo, cada familia se auto-abastecía con cosas que ellos mismos producían. El patriarca impedía que los miembros de su familia compraran cosas fuera para así proteger los productos de casa.

El Patriarca siempre decía:

¡Si te vas a la otra casa y compras leche, nosotros nos bebemos la leche pero ellos se quedan el metal amarillo, si la compras en casa, nosotros nos lo quedamos todo! ¡En casa no entra ninguna leche de fuera a no ser que me paguen la diferencia de lo que cuesta la nuestra!

y así siempre.

Eso, que se hacía con la leche y con muchas otras cosas, funcionó durante un tiempo, hasta que el patriarca, que no era tonto, se dio cuenta que era mejor y más barato dejar que la familia comprara algunas cosas fuera y se especializara en producir otras cosas en casa.

Pero claro, para que esto funcionase alguien tenía que comprarle sus cosas también ahí afuera.

Los otros patriarcas llegaron a la misma conclusión y al final dejaron que sus familias comprasen y vendiesen libremente cosas en el pueblo.

Cada casa tenía sus vales para comprar cosas y cada patriarca tenía sus reglas distintas con respecto al intercambio con las otras casas, era un verdadero jaleo, pero aún así las cosas funcionaban más o menos bien, el pueblo creció y pudieron llevar a su equipo de fútbol a jugar la liga regional.

A pesar de la bonanza, lo de los vales seguía siendo un engorro porque obligaba a las familias a tener que estar siempre cambiándolos para poder comprar en las otras casas. En particular esto molestaba a las familias ricas ya que para comprar cosas en las casas pobres tenían que comprar primero sus vales de mierda, también conocidos como pobre-vales. El patriarca pobre exigía que se usaran sus vales en su casa.

¡Menudo cabrón estaba hecho el patriarca pobre, siempre le iban las cosas mal y encima quería imponer sus putos vales de mierda!

Fíjate incluso lo que hacía el muy cabrón, compraba los vales de los ricos con sus pobre-vales de mierda, se los guardaba en una caja fuerte y luego le daba a la tecla de imprimir pobre-vales respaldándolos con sus huevos de mierda.

Un día los de las casas ricas se reunieron para hablar de este tema. Decidieron crear una cooperativa de ricos donde pondrían cada uno una parte proporcional de sus huevos para respaldar unos nuevos vales comunes con los que podrían intercambiar cosas más fácilmente entre ellos.

Decidieron comentarles a los patriarcas pobres lo de los nuevos vales y les convencieron de que ellos también podían ser ricos si los usaban, es más, les regalaron algunos vales nuevos para que adecentaran un poco sus casas y se modernizaran, de esta manera estaba asegurado que les seguirían comprando cosas en un futuro.

Los patriarcas pobres se quedaron flipados de tanta generosidad, empezaron a modernizar sus casas con esos nuevos vales respaldados en los huevos de los ricos, en algunas familias se impuso el estilo caravista, garrulo, nuevo-rico, putero, ignorante, empresario-audi, mujer-peggy.

¡Qué bien! Ahora todos tenían los mismos vales y podían comprar y vender cosas sin tener que hacer cambios de vales, por fin las casas ricas habían impuesto sus vales a los demás.

La figura de los patriarcas de las casas pobres empezaron a ser poco relevantes porque sus huevos no respaldaban nada, ni falta que hacía. Decidieron que lo mejor era dejar que algunos miembros de su familia administraran el tema económico sin meterse demasiado en cómo lo hacían, ya que había una cooperativa de ricos que lo hacía por ellos.

Incluso antes de que los vales comunes vinieran, hubo dos familias pobres cuyos integrantes -con el beneplácito de su patriarca- empezaron a manejar la economía de casa a sus anchas; eran unos tipos muy convincentes y simpáticos que hablaban maravillas de sus casas, decían que pronto se convertirían en unas familias ricas y otras cosas así. Todos los vecinos les creyeron porque sus casas tenían pinta de estar bonitas. Estos tipos simpáticos firmaban unos pseudo-vales que se respaldaban en los vales de su patriarca que a su vez estaban respaldados por los huevos del mismo. Aunque parezca increíble, la cosa tenía buena pinta, las otras familias del pueblo empezaron a comprar esos vales porque parecía que con el paso del tiempo éstos incrementaban su valor. Definitivamente no eran como aquellos pobre-vales que lo perdían constantemente.

Una de esas familias pobres, o mejor dicho nuevo-ricas, aceptó los vales comunes cuando los ricos se los ofrecieron, siguiendo con su dejadez, el patriarca pobre dejó que sus simpáticos y convincentes familiares siguieran vendiendo los pseudo-vales que ahora pasaron a llamarse pseudo-vales-comunes. Los ricos de la cooperativa tampoco vieron mal que se siguiera haciendo esto ya que se creían las maravillas que se contaban sobre esos pseudo-vales, de hecho, ellos tenían muchos y esperaban que en un futuro aún valieran más.

Los pseudo-vales-comunes de los familiares simpáticos se respaldaban igualmente con los huevos del patriarca pobre. Esos pseudo-vales-comunes siguieron subiendo de valor mucho tiempo y vendiéndose cada día más en el pueblo. Eran tiempos de auténtica salud, de bienestar, DE ALEGRÍA.

La otra familia pobre que había dejado a sus familiares administrar la economía de casa rechazó los vales comunes cuando los ricos se los ofrecieron y siguieron con su producción de pseudo-vales basados en los vales del patriarca que a su vez estaban basados en sus huevos.

Los tipos se hincharon a vender sus pseudo-vales en el pueblo. La cosa marchaba tan bien que prácticamente la familia vivía sólo de hacer eso y cuanto más lo hacían, más parecía que eran una familia rica, casi millonaria, no parecía tener límite. Pero si lo había.

La clase ha terminado, ustedes se quedan esperándome en clase, pueden comerse un bocadillo de mortadela. Volveré.

A. Shopenhaua

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Comentarios

veo que el nivel de las

veo que el nivel de las clases ha vuelto a subir...

Espero con ansia la segunda parte (creo que el final ya me lo se).

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