Okupación tras la okupación tras la okupación...

Imagen de Andreu

Madrugada de fin de año, sobre las 02:00 horas. Al final del tramo de muro conservado y recientemente restaurado de la East Side Gallery se ven luces de camiones de policía. Muchas luces. Un dispositivo de varios cientos de agentes antidisturbios prohíben el paso a los viandantes, que están de fiesta porque acaban de entrar en un año nuevo. Los ciudadanos se preguntan si tan abultada presencia policial se deberá a un incendio, una pelea multitudinaria o incluso un atraco a mano armada. No. Tanta policía responde a la ocupación pacífica por alrededor de 30 personas de un antiguo edificio abandonado desde hace años en la Stralauer Platz 29-31. Un edificio vacío en el que pronto se construirán oficinas en el marco del conocido y polémico proyecto inmobiliario del Media Spree.

Entre los okupadores hay antiguos residentes del desalojado haus project Brunnen 183, así como algunos simpatizantes de la desaparecida casa postokupada. Por entre las ventanas del mastodóntico edificio de corte socialista se ven siluetas negras con linternas. Hay pancartas colgadas de los helados alfeizares. Son los activistas. La policía no deja acercarse a nadie, e incluso pronto comienza a expulsar de las inmediaciones a los curiosos y aquéllos que se solidarizan expresamente con la okupación. Ésta acaba a las 6 de la mañana, con 15 detenidos y sin violencia.

La acción tiene obviamente un objetivo de atracción mediática sobre esa silenciosa batalla que se está librando en Berlín por la apropiación de los suculentos espacios urbanos que atesoran ciertos distritos como Kreuzberg o Mitte. Vista la recopilación de artículos que recoge la nota de Indymedia Berlín sobre la acción okupadora, el objetivo se ha cumplido. Pero también visto que, a excepción del Taz, en las crónicas de todos los diarios las palabras que destacan son "terrorismo de izquierda" o "violencia de extrema izquierda", parece que está batalla la han perdido los promotores de la acción propagandística del pasado fin de año. O quizá la haya ganado la propaganda del poder. Sea como sea, la batalla continúa.

Este cronista servidor, antes de ser expulsado con amabilidad por un agente de 2 metros, le desea un feliz año a otro de los policías. "Un año cargado de trabajo", le deseo. "Amo mi trabajo", me responde con una sonrisa de oreja a oreja, como tratando de justificarse. Si se trata de desalojar a aquéllos que intentan recuperar espacios dejados de la mano de dios, le auguro al ufano agente que trabajo no le va a faltar.

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