Pablo Ley en Berlín

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En el mismo momento en que me nombraron reportera para Berlunes de saraos culturales se abrió la Caja de Pandora, porque lo que no sabe el Rektor es que yo tengo un plan oculto: encontrar un trabajo mejor. Por ello, me llevo el currículum bajo el brazo a todas mis misiones. La última, una entrevista al gran dramaturgo Pablo Ley. Bueno, dramaturgo y muchas cosas más. Voy a mi encuentro convencida de que alguien así sabrá valorar mi talento y mi gran experiencia sobre las tablas…

Me encuentro con un señor muy alto y muy caballero. Le invito a pasear por la plaza de Bertolt Brecht y, finalmente, a tomar un café. Me cuenta que estudió en una escuela alemana hasta los 17. Padre de aquí madre de allá. Abuelos alemanes. Me cuenta historias de ellos. Batallas, avatares, la separación…

Ha trabajado con gente con mucha personalidad: con la Fura dels Baus, con Bigas Luna, Calixto, Rigola, Josep Galindo,… una serie de profesionales con los que siempre intenta volver a encontrarse.

Compara Occidente con un niño malcriado, maleducado, consentido y gordo. Considera que está agotado (Occidente). Él tiene mecha para rato (esto lo digo yo).

Berlín es una ciudad que lleva visitando intermitentemente desde hace muchos años. Ha venido aquí por placer y por trabajo. Un par de veces, de hecho, para la Komische Oper. En esta última ocasión, ha venido para dar una charla titulada “Cataluña cultura y arte, instrumentos para la paz y la reflexión”, dentro del Ciclo de conferencias “Voces por el cambio. Reflexión sobre crisis y capitalismo”.

Me dice entre risas que se ha sentido un poco como una castaña entre manzanas. ¿Qué hago yo aquí? - se llegó a preguntar en algún momento. Para empezar dice que el título se lo dieron hecho. Y en el enunciado de la charla no hay ningún concepto que sea inocente. Ahí ya dudó, porque de entrada le parecían palabras un poco políticas…

Si no le importa, señor Ley, yo no quisiera hablar de política. Eso lo dejo a los analistas. Yo he venido aquí realmente a dejarle mi curri…

… y yo lo que he hecho es convertirlo al lenguaje del dramaturgo. La gente del teatro trabaja de la siguiente forma: primero, una idea. Lo siguiente, los personajes. Si no hay personajes no hay historia.¿Qué es Cataluña? Cataluña es su gente. ¿Qué es la paz? Un concepto que va enlazado inevitablemente con el de guerra. ¿Qué es la reflexión? Algo que se hace para algún objetivo concreto, en este caso, la cultura y el arte, cosas que parecen inocentes. No es así. Pregúntale a un egipcio lo que le costó arrastrar las pirámides y qué significó aquello en su momento. En ese sentido, la cultura real es violenta y agresiva y se impone a los demás. Reclama sacrificios. Las culturas hacen guerras contra otras culturas.

Si analizo todas estas palabras… son palabras peligrosas siempre y cuando no se les añadan el imperativo ético.

Resulta que sus dos capitales europeas favoritas son Barcelona (ciudad que lo vio nacer) y Berlín. Le pregunto si ve similitudes entre ambas ciudades. Me dice que la Barcelona verdaderamente berlinesa era aquella de la época antes incluso de la movida, muy underground, muy gamberra. Recuerda que la Rambla era otra cosa y que había un movimiento maravilloso que no conoció a fondo porque aún era muy joven.

La de los 80 fue feliz porque se vivía una democracia joven con gran ilusión, pero era bastante miserable en aquellos días. Según él, la Barcelona vieja ha perdido con ese lema “Barcelona, ponte guapa” los gris que era, lo sucia y roñosa… pero muy de verdad. Lo que tiene de verdad Berlín (o tenía) era lo roñoso, los sitios cutres por los que daba grima pasar pero donde no existe la sensación de infelicidad. En ese sentido antes Barcelona tenía ese toque: cutre pero con dignidad, con orgullo. Y mucho movimiento cultural.

En los noventa ya llegaron los Juegos Olímpicos y todo cambió.

El precio del alquiler de la vivienda pasó a ser el doble en poco tiempo y al poco se volvió a doblar. Barcelona pasó a ser una ciudad de alquileres a ser una ciudad de propietarios. La libertad del alquiler se nos arrebató.

En “Paisaje sin casas”, una obra suya que uno de sus alumnos llevó al teatro y que llegó a ser representada en el Teatre Lliure, el contexto es precisamente esa Barcelona roñosa cuyos personajes son unos “outsiders”. Outsiders que acaban siempre en las periferias, entre otras cosas, por este crecimiento disparatado del precio de los alquileres. ¿Es que nos van a echar de todos lados?

Ya nos han echado, hace años.

Los años 80 fueron muy duros. Yo trabajaba como camarero en la costa y por aquel entonces había una especie de hermandad entre la gente joven y los quinquis ya que a todos nos habían expulsado del centro, se nos había expulsado de la realidad.

Se trata de un análisis poético sociológico a través de un paseo desde la periferia hasta el centro de Barcelona de sus dos personajes, dos quinquis.

Los dos se dicen en un momento de la obra: “¿Tantas cosas se venden?”, a lo que el otro contesta: “demasiadas”. Es un exceso, como decía Arcadi en su charla. Seríamos mucho más felices si nos liberáramos de ese exceso consumista.

Esa obra no se estrenó entonces, cosa que entiendo. La gente estaba con la cabeza en otro sitio, con las Olimpiadas y tal. Se estrenó 24 años después. Ha despertado el interés entre la gente joven de ahora porque el texto reclama pureza.

La diferencia, no obstante, entre la sociedad de entonces y la de ahora, es que por aquel tiempo teníamos ilusión, nos creíamos la democracia. Y ahora todo es un ”sálvese quien pueda”.

De hecho, en una entrevista dice: “…la búsqueda de la esperanza (la luz) de los que vivieron la transición y que llevan dentro del alma.”

Lo bonito de la obra es que explica que la esperanza la llevamos dentro. Piensa que ese texto lo escribí de joven, con un espíritu joven no corrompido por la ambición (y que nunca se llegó a corromper). Son momentos en los que aspiras a la luz, a la belleza, a los sueños, a la literatura. Con ese espíritu escribí la obra.

Hay dos cosas que en la vida no se deben perder nunca. Una es la esperanza. La otra es la ética. Ambas deben de empezar en uno mismo. Si vives éticamente en el mundo serás mucho más feliz, porque te sentirás irresponsable del mal y será algo que siempre evitarás (el mal). En el instante que te ataca la envidia ya has entrado por la puerta del mal.

Hablando de ética… hábleme un poco del Projecte Galilei

Es una compañía formada por Josep Galindo y yo. La intención es la de hacer un tipo de teatro histórico-documental. Conocer la historia para pensar en el futuro. Cuando la gente sale de los espectáculos no hablan de éste, hablan de si mismos. Es algo muy bonito. Lo que haces en la sala no es contarles una historia sino desencadenar las propias historias vividas. Eso es también la memoria histórica, reactivar la memoria de la gente.

A la gente, además, le gusta que le cuenten historias de pequeños héroes anónimos. Tenemos el caso, por ejemplo, de Elisabeth Eidenbenz, que nunca se sintió del todo a gusto recibiendo reconocimientos y homenajes porque no tenía la sensación de haber hecho nada que no tuviera que hacer. Y en cierto sentido tenía razón. El imperativo ético es que has de hacer lo que has de hacer.

Y otro ejemplo es Pau Casals, que persiguió la paz y que dejó de actuar frente a su público por considerar que lo habían engañado al final de la guerra. Un suicidio artístico de una legitimidad infinita. Incluso se negó a actuar frente a Hitler, algo que podría haber acabado en campo de concentración…

Como crítico teatral (para “ABC” y “El País”)…

Fueron años en los que lo pasé muy bien. Es un trabajo interesante mientras tiene repercusión, cuando dejó de tenerla ya lo dejé.

¿Qué es una mala crítica?

Es evitar que el público se desanime viendo espectáculos que no merecen la pena.

Un espectador que va a ver un espectáculo indigno, es un espectador que no volverá al teatro en mucho tiempo porque estará dolido.

El trabajo del crítico en este sentido es alertar al público de que si va, sepa lo que hay. Es una figura necesaria. Debe ser coherente y estricto en el juicio. Además, para los lectores esporádicos hay que hacer críticas con coherencia interna para los lectores continuados hay que tener un discurso continuo que hay que mantener.

¿Qué es una mala mala crítica?

La que no analiza bien, mal hecha, que confunde el papel del crítico con la del graciosillo. Un crítico es alguien que se toma el tiempo de reflexionar seriamente sobre algo que ha visto y transmitir esa reflexión de una manera lo más seria posible. Sinceridad, honestidad y lo bastante profunda para que en sesenta líneas se note el trabajo, con un contenido denso. Si no tiene esas cualidades es una mala mala crítica.

¿Cómo se toma un crítico una mala crítica?

El único que sabe leer una mala crítica es un crítico. He leído críticas de todas partes del mundo y de todo tipo. Las críticas que nunca te hacen daño, tanto si son buenas como si son malas, son las críticas inteligentes. He leído críticas maravillosamente cabronas conmigo que estaban diciendo de mí verdades como templos. Y he leído críticas maravillosamente buenas conmigo de gente que no se ha enterado de nada.

De parte del Choped (que es algo mandón) le tengo que preguntar algo. Uno de sus becarios habló con Fermín Muguruza y éste le comentó que un músico no puede ser de derechas. En caso de que esto sea cierto ¿es extrapolable al mundo del teatro, actores, directores, dramaturgos…?  

Pues le voy a hacer una crítica a este señor. Un artista inteligente nunca será de una derecha garrula como la que tenemos en este país. La inteligencia siempre es progresista. A veces, incluso la derecha, la no reaccionaria, puede ser inteligente. El progresismo está en el pensamiento inquieto.

Pero si hablamos de Shakespeare, todo apunta a que este señor era más bien conservador. Con lo cual si nos atenemos al pie de la letra a eso nos encontramos con una excepción que confirma la regla.

La inteligencia no está en ninguno de los extremismos.

Qué me dice de la “fuga de talentos”…

Los talentos se fugan y a los que no se fugan los machacan.

La gestión de la inteligencia de nuestro país ha estado en manos de gente muy poco inteligente. Que han aplicado criterios muy poco eficaces y con muy poca visión de futuro. Los emigrados son lo mejor de cada pueblo. Los que tienen más ilusión por descubrir cosas, más deseo y capacidad de lucha, … perdemos una cantidad de talento!… perdemos el impulso de gente muy capaz de luchar. Los gobiernos de nuestro país son auténticos imbéciles.

¿Qué es el talento?

Es la capacidad de pensar en amplio y la perseverancia para querer pensar más alto. Es una manera de pensar distinta. A la gente con talento se les distingue perfectamente. (Por fin, se ha dado cuenta!)  

Talento, cultura… teatro. ¿Se está haciendo algo para salvar el teatro?

No.

El teatro está en requetecrisis (vale, me quedo de reportera de Berlunes). Estamos al nivel de los 70, a nivel amateur, gente que hace teatro porque lo adora. Esto no es malo.

El teatro tiene hoy en día una oportunidad de oro para repensarse a si mismo. Y hay que ir haciéndolo ya porque dinero no hay. La cultura es tremendamente importante. Todo el daño que se le haga a la cultura es el daño a lo más esencial de nuestra sociedad.   

Los grandes monstruos han desaparecido y nadie los ha sustituido. La pregunta sería ¿por qué existieron éstos? Porque los conflictos mueven la inteligencia. Y los conflictos que tenemos ahora son muy pequeños. Los grandes han surgido como respuesta a golpes históricos muy fuertes. Un Shakespeare, un Beckett … ahora no hay! La inteligencia se va a perder por el estado de los tiempos porque los tiempos no requieren la inteligencia. Estas figuras antes mencionadas surgen porque el tiempo en el que les tocó vivir así lo exigía.

Se generan en momentos concretos, a golpes. ¿Qué pasa? ¿Es que nos tienen que poner contra las cuerdas para pensar?

Si.

¿Qué pasó en la Komische Oper?

Pasó que Calixto hizo un montaje muy interesante de “El rapto del serrallo” de W.A. Mozart, que se sigue reponiendo más de ocho años después pero que en aquel momento generó una gran animadversión.  

Mozart ha tendido a escucharse siempre con arrobo y se había perdido el sentido del escándalo que él mismo creó cuando estrenó por primera vez la ópera.

Calixto lo que hace es una revisión interesante e inteligente de la obra buscando el significado real de la ópera en su época para acabar descubriendo el escándalo. Había que recuperar el sentido fuerte de la época. ¿Cuál era el equivalente actual de un serrallo? Pues un prostíbulo. Así que montó uno de lujo gobernado por macarras. Algo que existe, que está en la calle, pero que de repente al trasladarlo a las tablas de una ópera armó un gran escándalo.  

Le pido, Sr. Ley, que la próxima vez que venga a liarla a Berlín, me avise.

Descuide, así lo haré.

Gracias por las horas de charla y café, caballero.
 

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Comentarios

Matricula de Honor

Le doy un 10 por la entrevista.

Si yo fuera Pablo Ley le contrataria. Aunque el Rektor podria tomar represelias al perder tan valoradas contribuciones

Imagen de Frau Dulenta

Es usted muy amable. Por

Es usted muy amable. 

Por ahora creo que tendré que seguir de reportera en Berlunes. No obstante, mientras esto me permita conocer a gente tan interesante como Pablo Ley merecerá la pena. 

Muy suya

Frau Dulenta

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Derechas

La regla esta de derechas de Muguruza se hipercumple en el ámbito teatral.

Enhorabuena a Marlene, poco a poco regresando a las tablas.

Muy suyo

A. Shopenhaua

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¡Qué le gusta a Ud. poner la

¡Qué le gusta a Ud. poner la puntillita oiga! 

Ay! El día llegará en que mandará a uno de sus becarios a hacerme a mi la entrevista, ya verá!

Gracias por su valoración

Muy suya

Frau Dulenta

Imagen de Rektor Friedrich N.

Fantástico

Plas plas plas!

Por la presente queda usted nombrada como mi nueva alumna favorita.

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Que no me voy Sr. Rektor...

Que no me voy Sr. Rektor... no me haga la pelota, que eso se lo dice Ud. a todas...

Muy suya

Frau Dulenta

Imagen de A. Shopenhaua

Rapto del Serrallo

Seguro que al Sr. Pablo Ley le interesa la historia del Rapto del Serrallo de Mozart en Berlín.

http://berlunes.com/mozart-berlin

Muy suyo

A. Shopenhaua