Segundo asalto

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Segundo asalto: soy el mismo. Retrato esta ciudad con nocturnidad y alevosía mientras ésta intenta dejarme contra las cuerdas. Lo llevamos bastante crudo, porque las bellas vanidades también arden en el corazón de Prusia y con sólo pasar las páginas del periódico: Las bolsas europeas vuelven a derrumbarse en plena era Gaga.

Es un buen momento para encenderse un cigarrillo y ponernos a reflexionar. ¿Veamos, qué es lo que está pasando? Berlín, en nombre del Estado más poderoso de la Unión Europea, juega, sin ser un centro financiero de primer orden, a hacer el moralista. Sabemos que pese a las recetas de Bruselas, lo que aquí se dice va a misa y que todos los socios lo acatan. ¿Pero con qué autoridad? No es ningún secreto que desde hace una década, y tras una serie de escandalosas operaciones de carácter especulativo, nuestra querida Hauptstadt se encuentra en un lamentable estado de insolvencia crónica, es decir, que quebró de forma impresionante y desde entonces no ha levantado cabeza.

Resulta irónico que desde Berlín se sea tan estricto con los países que han teñido la eurozona de crisis y rojo, países que hasta hace poco eran excelentes socios, que multiplicaron la demanda de electrodomésticos, maquinaria industrial y productos químicos que salían de fábricas alemanas en los años noventa, que ayudaron a hacer de Alemania campeona mundial de la exportación . La verdad es que ese Berlín que si por algo destaca es por ser la capital de la ayuda social masiva, y por depender de la solidaridad del resto de la República, debería ser el último lugar en querer dar sermones a los de la periferia. Pero no es así.

Son los mismos periódicos los que no paran de repetir la idea de que aquí se está pagando por los errores de los demás.

Y eso enfada al berlinés medio, pobre pero optimista porque aún es joven, porque le asusta que le aprieten todavía más el cinturón para tener que enviar el cheque a Grecia, donde se ve que no se hacen los deberes. Le cabrea y despotrica. Y yo lo oigo en la mesa de un café; un tipo y sus amigos, todos igual de impresionables y con el mismo poco nivel de expectativas, se ponen a hablar con desprecio de los griegos, de portugueses, irlandeses y demás extraterrestres; al final incluso personas a las que conozco y que considero bastante coherente también se suma al juego deja llevar por la marea, soltando con naturalidad eso de que “Europa vaya porquería, ojala volvamos al marco para que nos dejen tranquilos...”.

Sí, son los mismos periódicos los que no dejan de repetir la idea de que aquí se está pagando por los errores de los demás.

El problema es que todos votamos. Incluso a mi me llegó la carta. Las opiniones se pueden transformar en hechos el próximo 18 de setiembre, fecha elegida para que se celebren elecciones en el Land. O sea, que a esos de la cafetería les toca fichar pronto y dejar rienda suelta al cabreo. He leído bastantes estadísticas y no sé muy bien por donde van a ir los tiros. Quizás nos vamos a reír, porque el panorama político sigue bastante convulso. No es que se decida el alcalde, sino como se castiga a los grandes partidos. Y no se había visto tomar tanto protagonismo a esas formaciones más minoritarias que tienen un origen en sistemas no democráticos.

Uno de ellos es Die Linke, coalición de izquierdas que se ha convertido en una de las fuerzas políticas más importantes del este de Alemania. Puede entenderse: no en vano este grupo es heredero del partido oficial de la RDA, por lo que no hay que extrañarse que entre sus filas militen algunos de los antiguos cargos y bastantes más exfuncionarios de un país que se suicidó veinte años atrás, el cual había ejercido una dictadura represora a partir de los postulados marxistas ortodoxos. Otro nombre, las mismas caras. Actualmente gobiernan en coalición con los socialdemócratas del SPD y cuentan con un fuerte respaldo por parte de los jóvenes ajenos a aquella época porque por otra parte, die Linke prioriza ha optado como estrategia desarrollar un programa social bastante serio.

El otro es el NPD. Y aquí vamos a centrar ahora toda nuestra atención: El NPD es el partido nacionaldemócrata de Alemania. Pero tienen de demócratas lo mismo que el partido nacionalsocialista tenía de socialista. De hecho y ahí está lo más grave del asunto, el NPD fue fundado en los años sesenta precisamente por personas que habían pertenecido al partido nazi, con la intención de unificar las distintas corrientes de la ultraderecha de aquella época, que por aquel entonces era relativamente débil. Pero es a partir de la caída del muro y con la reunificación, cuando muchos ciudadanos de la antigua Alemania del este, que se sintieron estafados con eso de ser bienvenidos al capitalismo y no queriendo saber nada más con el comunismo, se adhirieron al NPD, con lo que éste entró en el juego de los partidos como un grupo a tener en cuenta. El efecto inmediato fue que la derecha conservadora típicamente alemana pasó a ser vista como la parte moderada, sin que para nada lo fueran, pero por otra parte fueron muchos los políticos que se tomaron como una batalla personal erradicar a un grupo tan peligroso de la vida pública.

El 2003 ya se empezó un proceso de ilegalización orquestado por el mismo Ministro del Interior, que por aquel entonces era el señor Otto Schilly, el cual venía de los Verdes pero llevaba años que se había pasado a los socialdemócratas de Schröder.

Pero en contra de todo lo previsto, los resultados fueron peor que nefastos. A medida que se avanzaban en las investigaciones, se descubrió que una tercera parte de los dirigentes del NPD eran precisamente agentes infiltrados del Ministerio del Interior, lo cual resultó bochornoso, no sólo porque se viera que a la hora de la verdad ese grupo que tenía aterrorizada a toda la clase política era algo parecido a una casa de topos, si no porque además estos agentes formaban el ala más radical del partido, los que incitaban a la violencia y a que las manifestaciones tuvieran un marcado carácter neonazi.

Esto es lo que hizo que el NPD siga hasta el día de hoy siendo una formación legal. En 2004 obtiene parlamentarios en el Land de Sajonia, lo cual es grave porque en todo estado de derecho eso significa ni más ni menos que ese partido ya empieza a recibir un dinero público que viene del bolsillo del ciudadano. Y la cosa evidentemente, ha ido a más. Hoy en día no son pocos los que no ven tan irracional el discurso político de su líder, un exmilitar llamado Udo Voigt, el cual ha tenido la genial idea de fotografiarse para el cartel de su campaña electoral como un motorista justiciero vestido de negro, más parecido a un Charles Bronson que se ha subido a una de las moto de los Hells angels después de salir de fiesta con el tío de cuero que cantaba en los Village People que no a un político que después de los comicios tenga que representar los intereses del ciudadano en los órganos públicos, aunque yo tampoco debería criticar eso cuando vengo de un país en el que hubo también un líder de un partido llamado precisamente Partido de la Ciudadanía y de derechas, casi sale en el cartel enseñando sus órganos públicos. Se hizo fotografiar sin ropa para enseñar que no ocultaba nada o que tenía poco todavía por enseñar, pero sabemos que eso ya no va a volver a pasar, porque el ciudadano Albert Rivera ya ganó unos kilos al poco tiempo de sentarse en su escaño del Parlament y tampoco tiene la edad para seguir haciendo estas cosas. Pero el bueno de Udo, que seguramente sí que tiene algo más que ocultar, sale mal parado por la opinión pública, puesto que aunque se le haya llegado a perdonar el mal gusto, lo que no se le admite es el lema. Porque a diferencia de muchos que taladran tu mente con lo de “Por el Cambio” o “Vota Futuro”, Udo ha preferido un “Demos gas”, porque está acelerado, pero desgraciadamente esa no es su intención. Si entramos un poco en el argot de estos movimientos de la ultraderecha, el significado de la frase queda mucho más siniestro, porque lo de gaseemos quiere decir directamente acabemos con ellos (como se hacía en los campos de exterminio usando Zyklon B).

Es curioso ver como el NPD ha orquestado una campaña basada en el odio hacia todo aquello que no sea alemán. Los carteles están diseminados por toda la ciudad, pero especialmente cerca de los monumentos de carácter memorial, y en particular en la zona en la que está ubicado lo que otrora había sido el búnker del Führer, que en la actualidad pasa muy desapercibido porque sólo ha quedado un solar para el estacionamiento de vehículos, pero sigue siendo un punto muy preciado por los neonazis. Con eso vemos un intento por parte de los hombres de Udo de crear un clima de confrontación al tratar de ofender a sus enemigos antes que buscar nuevos adeptos. Es una política del miedo que en épocas de crisis puede llegar a ser muy efectiva. Si estudiamos detenidamente los distintos casos, hay que decir que el socio prototípico del NPD es un alemán que proveniente del estrato social más bajo, con una personalidad emotiva y fácilmente alterable, gente con poco sentido crítico y fácil de llevar. Son muchos los que no temen al NPD porque lo ven como un conjunto de perdedores nacidos en familias desestructuradas, que arrastran un pasado de fracaso escolar, se amargan ante la escasa expectativa laboral y se desahogan en el campo de fútbol. Pero creer eso sería demasiado ingenuo. La ultraderecha tiene cierta presencia en cada clase social. No es homogénea. En ella coexisten distintas tendencias con objetivos comunes.

Se ha dicho que el NPD, pese a seguir una línea muy dura y con contar con muchos exaltados, no representa todavía un peligro real por falta de líderes. Nada más lejos de la realidad. El movimiento no se desarrolla solo.

Los que van a ser los auténticos líderes están todavía en la sala de espera. Aún no les interesa adherirse porque aguardan a que el movimiento cobre más fuerza, pero sobre todo a que la estructura que piensan dirigir tenga asegurada una mayor financiación que normalmente llega por distintos canales (entre ellos los públicos) Ésta gente que tienen su sitio reservado como si fueran el fichaje estrella de la temporada no suele venir de las bases. Pertenecen a grupos más intelectuales en los que no hay un activismo político pero en los que predominan elementos de ideología filofascista. Estos individuos siguen tendencias culturales que en ocasiones ni siquiera se originaron en Alemania, pienso ahora mismo en la nouvelle droit francesa, los cuales reinterpretan a muchos de los ideólogos que fueron precursores en el desarrollo de los totalitarismos europeos. Esta gente libraba una importante batalla en el terreno cultural desprestigiando a la izquierda y subrayando la decadencia de la civilización achacándola a la democracia, el cristianismo o los movimientos obreros. Hoy lo hacen de un modo más indirecto, pero paulatinamente han conquistando sectores estratégicos en los espacios de opinión, en las distintas esferas de una sociedad, creando pequeños lobbies capaces de condicionar el pensamiento común.

¿Os suena eso de que son los mismos periódicos los que no paran de repetir la idea de que aquí se está pagando por los errores de los demás? ¿Y lo de que una mentira mil veces dicha se vuelve en una verdad?

Que no quepa duda que si el NPD crece en las urnas, estos que arduamente trabajan desde atrás, serán los primeros en mostrar las cartas sobre la mesa: lo apoyarán porque ya no estará tan mal visto o lo integrarán dentro de otras siglas, pero por el momento tienen ese juguete de prueba.

Y sin embargo los que a mí me preocupan son los muchachos que estaban diciendo todo aquello en la mesa de al lado de la cafetería, porque ni son carne de servicio social ni son líderes de un nuevo totalitarismo, son algo peor porque lo que ellos opinen será el peso que incline la balanza para un lado u otro. Y se les ve contaminados de algo. Son ellos, los que reniegan de Europa, sus socios, que quieren el marco, los que aceptan una especie de caballo de Troya ante el laberinto griego. Son ellos los que repiten esas frases mil veces dichas desde distintos lugares y que ocultan un interés, los que están entregando las llaves de la ciudad, porque con esa actitud se acercan inconscientemente a esos radicales del NPD, ya que para empezar ya están diciendo lo mismo. De ahí a darse la mano tampoco hay tanta distancia.

Ante la situación, recomiendo a todo el mundo que vaya a votar, pero que sepa donde mete la papeleta. Recomiendo que vote porque aún tiene el derecho aunque sea en una democracia irreal como la vida misma, pero sobre todo porque si uno no vota, Ugo Voigt seguro que lo va a hacer y hasta es posible que en una semana ya pueda aparcar la moto en el ayuntamiento, al que le llaman la casa roja por el color del ladrillo, pero pronto porque lo va a estar de pura vergüenza.

Nihm Smoboda

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