Un sitio extraordinario
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"Al legislador del '89 se le olvidaron dos artículos fundamentales: el derecho a contradecirse y el derecho a marcharse" Charles Baudelaire
Existe al suroeste de Berlín, en el medio del bosque, un sitio muy especial, el Friedhof Grunewald Forst, un cementerio en el que están enterrados casi exclusivamente suicidas. Lanzarse al Havel era una de las formas más comunes de quitarse la vida a finales del XIX y principios del XX, y no importa a qué altura del rio te lanzaras, las oscuras corrientes te llevarían siempre a la bahía de Schildhorn. Por esa razón, no lejos de la orilla pero tampoco muy cerca ya que los entierros salvajes eran meritorios de grandes multas, las desgraciadas familias de los infelices rechazadas por los cementerios afiliados a alguna religión se llevaban a los cadaveres bosque adentro y les daban pagana sepultura en noches de niebla. Como siempre, existe en alemán una maravillosa palabra para estos lugares: Schandacken (campos de la vergüenza). Sitios en los que descansan para siempre aquéllos a los que Dios no dio paz en vida ni perdón en muerte.

somníferos, se lanzó al rio y su cuerpo fue a dar a la infame bahía. La recogieron y la llevaron al cementerio a esperar a que amaneciera para que la policía redactara el informe. Buena sorpresa se llevó el Kripo cuando movió el cadaver y se dio cuenta de que éste comenzó a retorcerse y notó pulso y respiración. La joven Minna, a pesar de no haber dado evidentes señales de vida la noche anterior, todavía vivía, suerte tuvo que no la enterraran, como hubiera sido el caso diez años antes. Pocos meses después, la pobre infeliz tomaría una dosis de somníferos mayor y lograría su cometido. Su cuerpo fue encontrado una vez más en la bahía. Me atrevería a decir que fue el único cuerpo arrastrado dos veces por las misteriosas corrientes.
Nico, la bella cantante alemana cuya voz quedaría inmortalizada en el primer disco de The Velvet Underground y en unos tantos otros no tan famosos pero sí tan buenos, comparte una parcela con su madre, razón por la cual, muy de vez en cuando, vienen al cementerio algunos peregrinos y dejan una carta o una botella de vino. Nico no se suicidó, aunque sí conoció el paraíso en vida, tuvo la suerte de parar esos juegos a tiempo. Me imagino que conocía el cementerio, y el ambiente que en él nos envuelve, le debe haber atraído, razón por la cual reservó una pequeña parcela. Hasta 1985 era posible hacerlo, ya hoy en día no lo es. Se dice que no pasarán más de cincuenta años antes de que el cementerio desaparezca ya que la mayoría de los muertos carecen de veladores y en Alemania, el terreno en el que yaceremos, no nos pertenece, es alquilado.













Comentarios
Muy Bien
Muy Bien.
Le dejo con una foto de Nico de sus últimos años en los que estuvo en Barcelona, haciendo de todo.
Muy suyo
A. Shopenhaua
Fe de Erratas
Forst NO Frost
Profesor
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