La socialdemocracia realmente existente

Imagen de Socialista a mi pesar
No soy tan viejo y ya me ha ocurrido dos veces en la vida. Las ideologías que he utilizado para ir tirando con decencia han terminado por darse la vuelta como un calcetín.  
 
En la juventud fui comunista. Más tarde desteñí en socialdemócrata.
 
En una España de asco como la de Franco, cualquier contestación sonaba a buena. No mostré, sin embargo, mucha puntería. En la década de los 70 era evidente que el comunismo solo había criado regímenes serviles al aparato partidista y a su casta dirigente. Discapacitados en democracia y atróficos económicos. Pese a la estética mítica de Ché Guevara y la Revolución Cultural.
 
No me arrepiento. La utopía comunista ha sido el esfuerzo colectivo más constante y planificado en pos de la igualdad y la felicidad de los humanos. Y el más frustrante.
 
Para conciliar la realidad con nuestros sueños los jóvenes comunistas echamos mano de un artificioso concepto acuñado por acreditados revisionistas del sistema. La pestilencia tras el ‘telón de acero’ era “el socialismo realmente existente”. Pero nuestras ansias utópicas de igualdad alumbrarían el auténtico comunismo.
 
La socialdemocracia, el siguiente asidero ideológico. Contrapeso entre la jungla del libre mercado y los hielos de la planificación.  Defendió la libertad de pensamiento y de expresión en una democracia formal capitalista, frente a la deriva totalitaria del comunismo. Impuso la función reguladora y planificadora del Estado frente a la dictadura de los mercados. 
 
En la Europa de la segunda mitad del siglo XX  cristalizó su mejor versión. Creó el “Estado del bienestar”, antítesis el “Estado militarista”. Revistió la función pública de una careta paternal y un nuevo objetivo: la organización de los intereses y de la vida digna  de los ciudadanos en un marco en el que las libertades progresaron adecuadamente.
 
La caída del Muro de Berlín en 1991 1989, fue un subidón de esperanza… vana. El fin de la Unión Soviética marcó la extinción de único contrapeso político y económico que había servido de sordina al ADN ultraliberal y especulador del mercado. 
 
La socialdemocracia vio menguar su terreno de juego. Quebró como referencia de equilibrio entre bloques opuestos. Con el capitalismo salvaje convertido en pensamiento único, en lo que va del siglo XXI le ha tocado jugar el papel de Pepito Grillo frente a un Pinocho, los mercados, al que no se conoce conciencia.  
 
Perdida su función y otra vez hemos vuelto a las mismas. La socialdemocracia realmente existente ha dejado de ser un ideal para convertirse en un partido. Una nomenclatura que, validada ahora por las urnas, tarda pocos minutos en traicionar los intereses de sus electores. Primero, recoge votos. Segundo, apela al “realismo” frente al rodillo del pensamiento único neoliberal y apoya las leyes que han facilitado la conversión de la economía global en el gran casino financiero. Finalmente, ha abierto en canal las arcas del Estado para pagar los destrozos de la bancarrota.
 
El ciudadano ve esfumarse sus derechos en la sociedad del bien estar cuando apenas le ha dado tiempo ha consolidarla.
 
La creciente reticencia a la delegación de la representación con el voto, hacia la política y los políticos profesionales, no desanima el ejercicio de la implicación colectiva. El voluntariado, la electricidad de las comunicaciones y la contestación en Internet, la indignación y el pasotimo, el pacifismo, la banca en el punto de mira, antiglobalización, el ecologismo dan signo de que no estamos muertos. Aunque no hayamos encontrado aun la vía que convierta esta energía en acción política.  
 
Por mi parte, estoy con arrestos para el nuevo sueño y tal vez tenga tiempo para la siguiente decepción.
 
Su voto: Nada Promedio: 8 (14 votos)
 

Comentarios

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El muro cayó en el 89 -_-

Imagen de A. Shopenhaua

Todo cierto

Es (era) (ha sido) Suecia pues la aplicación más inteligente y evolucionada de las tesis comunistas. Olof Palme, Ana Lindh and co.

Lamentablemente la irrupción desmesurada del egoismo y los vanos mitos televisivos importados de los mercados han hecho mella y con su brazo ejecutor moderado en forma de partido están desarbolando una sociedad acostumbrada a lo común.

Una pena que se desmorone la referencia.

Por otro lado bienvenido al claustro, tenga cuidado con el alumnado.

Muy suyo

A. Shopenhaua