
Cosas que todavía ocurren en Berlín.
El día comenzó como cualquiera, regresé del trabajo, saqué a pasear a Pablo, encendí un cigarrillo y me asomé por la ventana como tantas viejitas turcas de mi calle hasta que de pronto veo a mi vecina a media cuadra acelerando el paso y con cara de circunstancia. "¡Héctor! ¡Hector! ¡Una bomba!" Mi vecina, me he dado cuenta a lo largo de seis o siete años, es un poco exagerada y muy miedosa, yo por mi parte no le doy demasiada importancia a nada y mucho menos a una alarma de bomba en Berlín, así que seguí como las viejitas de mi calle, fumando, asomado por la ventana, viendo crecer las hojas de los árboles.