Tren a la estación perdida, la próxima novela de Alfredo de Hoces

Imagen de Berlunes
Hola amigos de Berlunes.
 
En el anterior post ya se les dijo que íbamos a presentarles 2 iniciativas que considerábamos interesantes. Bien, pues esta es la segunda. 
 
Antes de contarles de que trata, queremos que lean un texto:
 
Quiero dar la enhorabuena a mi buen amigo Emilio, eterno compañero de penurias académicas, fatigas laborales e interminables charlas nocturnas regadas con música y alcohol. Después de largos años de esfuerzo acaba de salir del hoyo y en pocas semanas pasará a engrosar la lista de cerebros fugados que pagan con la distancia el precio de la dignidad. Después de tantos años de sacrificio Emilio sólo necesitaba que la suerte le sonriese un poco, y finalmente ha sucedido. Lo merecía más que nadie.
 
Yo sé perfectamente lo que le espera: la vida agridulce del emigrante. Novedad, oportunidades, presente desahogado, perspectivas de futuro, retos, experiencias, vuelos de bajo coste, las voces queridas en el teléfono, el sol y el mar en el recuerdo, silenciosas noches de invierno sentado junto al fuego evocando atardeceres mediterráneos, el corazón siempre pidiendo volver a sentir el calor de tu familia, de tus amigos, de tu perro, de tu calle, de tu pedazo de playa. A veces se hace duro, pero merece mucho la pena. Al salir de esa trampa social que tantos años nos estranguló el alma se redescubre el mundo; al desaparecer el estrés se vive la vida con mucha más intensidad. Esos contados días de vuelta a casa brillan con tal intensidad en el calendario que iluminan el año entero.
 
Reencontrarse con el pasado, con el hogar, con la propia sangre, y poder disfrutar de todo sin el peso de la angustia, es un privilegio. Lo primero que hago siempre al volver a Málaga, una vez que he abrazado a toda la familia y me he llenado de sus sonrisas, es salir a pasear con mi perro. Despacio, dejándome embriagar por todos esos olores que nunca se olvidan. El olor verde del mar siempre presente en el aire, el aroma dulce del té de calle Granada, el vino añejo aferrado a la madera de la Casa del Guardia… Camino sin rumbo, pero indefectiblemente acabo en la Malagueta. Busco una terraza, me siento en una silla de mimbre y al ritmo lento del anochecer me voy emborrachando de sal, arena, fuego y cerveza. Mi perro siempre se queda muy quieto; a veces suspira, a veces suspiro yo. Vuelvo a casa de noche, nadando en un largo silencio sólo interrumpido por alguna honda campanada que viene de lejos.
 
La despedida siempre es dura. En el aeropuerto suelo dejarme alguna lágrima furtiva. Pero el tiempo poco a poco va acortando las distancias. Uno lucha por convencerse de que en realidad no ha abandonado el hogar, sino que el hogar se ha hecho más grande. Mi ciudad ya no es Málaga; ahora es una pintoresca ciudad donde a veces nieva y a veces hace un sol radiante, donde El Temple Bar dublinés está a la vuelta de la esquina de calle Larios, donde hay una Fnac madrileña al lado de un Coffee Shop holandés, donde para llegar de Timanfaya a Candem Town hay que atravesar una oscura calle medieval de Brujas. Una ciudad interminable rebosante de gente y de cultura.
 
Bonito ¿no?  Si ustedes ya viven en el extranjero seguro que se han sentido identificados.
 
El autor de este texto (lamentablemente) no escribe en berlunes. Es Alfredo de Hoces (el de las gafas del principio del post), también conocido como Fuckowski, un informático con alma de escritor que describe como nadie los sentimientos de las personas que hemos tenido que dejar el hogar para labrarnos un futuro. Sus textos, lejos de envejecer, son cada día mas actuales, lo que demuestra el talento y el instinto de Alfredo a la hora de escribir.
 
Alfredo ya nos deleitó a principios de la década anterior con "Memorias de un ingeniero" (primer premio de narrativa Fundación DRAC 2005) contándonos las circunstancias que le llevaron a emigrar, arrancándonos sonrisas y haciéndonos reflexionar a partes iguales. Este libro puede ser leído aquí por la módica cantidad de 0€. Baratito baratito oiga. Echenle un ojo y verán que no mentimos. Es una obra maestra.
 
Bueno, pues resulta que Alfredo quiere escribir otra novela. Se llamará "Tren a la estación perdida" y retratará sus vivencias en el extranjero. Aquí tienen un adelanto para ir abriendo el apetito.
http://www.alfredodehoces.com/estacionperdida
 
Todo bien por ahora ¿no? Pues hay un problema: Alfredo tiene la mala costumbre de comer 3 veces al día, con los gastos que ello acarrea. Para comer tiene que conseguir dinero y para ello tiene que trabajar. Estamos seguros que ustedes conocen a más de una persona con este mismo problema.
 
La buena noticia es que ustedes pueden ayudarle. Pueden apoyar este proyecto mediante el método de crowdfunding que sin duda ya conocerán, y evitar así que un genio de tales dimensiones se tenga que dedicar a la informática.
 
- Joder! Pero eso implica dar dinero!
 
Si, amigos de berlunes, eso implica dar dinero. La diferencia es que en esta ocasión y sin que sirva de precedente, su dinero no será invertido en que el sobrino de algún politicucho de turno se pegue la vida padre a cambio de no hacer nada. En esta ocasión su dinero servirá para que una persona de bien escriba un libro con el que todos disfrutaremos y que, incluso el sobrino del politicucho, podrá leer de manera gratuita en Internet, por supuesto dentro de su horario laboral.
 
¿Como apoyar este proyecto?
Se registran ustedes en la plataforma Lanzanos y donan pongamos 20€. Si el proyecto sale adelante, Alfredo, en un alarde de generosidad les manda un ejemplar de la novela dedicado a su casa. Maravilloso ¿no? Faltan 3 mil y pico euros y 9 días para recaudarlos. Anímense.

Ah, una cosita más para los malpensados; ninguna de las personas que colabora con berlunes conoce personalmente a Alfredo.

Saludos cordiales.
 
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