Viejo = cool = sobreprecio

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Una de las primeras cosas de las que uno se da cuenta cuando llega a Berlín es de la predilección que los que viven aquí muestran por lo antiguo, viejo, retro o como se le quiera llamar. Aquí lo de ir a la última significa, por definición, volver 20 años atrás. Pero incluso en el caso que algo no tenga tal antigüedad, lo que si que siempre acaba siendo determinante es que algo sea de segunda mano.

Berlin es verde, cool, moderno y ligeramente anticapitalista (en un sentido no muy estricto de la palabra). Comprar en IKEA no mola. Mola ir a un Fleamarket, pillar muebles por la calle o buscarlos de segunda mano o regalados en kijiji.de.  ¿Pagar algo más por algo nuevo que además no es cool, que carece de sustancia? No, gracias.

No dudo que esta actitud, este modo de entender el consumo que va más allá de los muebles y se extiende en otros campos como la ropa o el motor, tuviera originalmente su sentido. Y en algunos casos seguramente todavía la tiene. Sin embargo, creo que se ha ido demasiado lejos. Se ha llevado esta actitud a tal extremo que la demanda se ha vuelto obsesiva y miope, mientras que la oferta, como es natural, se está aprovechando de ello.

Ya sea por convicción propia o simplemente por integrarse rápido en este concepto berlinés, uno al principio se deja llevar: visita mercados de segunda mano, echa un vistazo a Humana u otras tiendas de ropa usada, intenta pillar cuatro trastos por la calle pensando que tarde o temprano va a sacar algo de allí (al final sólo se acumula mierda), etc. Hay quienes le encontrarán su qué y hay los que rápidamente se desencantaran. Yo soy de los últimos.

Mi particular desencanto empezó el día que en un Fleamarket que no es para nada turístico, intentaron venderme por 10€ un sacacorchos oxidado. A partir de ahí, tal como diría el viejo de die Rote Rose, me di cuenta que todo era mentira. Le pillé gusto a visitar mercados de vez en cuando, preguntar y intentar regatear, aunque nunca tuviera la intención de comprar. En la mayoría de los casos, se estaba cobrando un sobreprecio por utensilios,  aparatos  u otras cosas que no tenían nada de cool ni retro y que además podían ser comprados mucho más baratos, nuevos y con garantía en un Mediamarkt, Karstadt o H&M.

Pero estos comerciantes siguen vendiendo y viviendo. Todos sabemos que trabajan con unos márgenes muy elevados, pues cuando intentas venderles algo no te dan un duro, pero como economista, me sorprende que puedan continuar viviendo. ¿Dónde está la mano invisible de Adam Smith que regula los mercados? ¿Cómo es posible que vendiendo más caro y con peor servicio de atención al cliente sigan vendiendo?

La ignorancia berlinesa o el llevar al extremo lo cool lo llamo yo. Muchos compran en mercados o tiendas de segunda mano por definición, como modo de entender la vida y sin llegar a preguntarse si tiene sentido mirar en un canal de venta tradicional.

Esta vorágine retro-cool ha creado una “burbuja”, que si bien es cierto que en el caso de reventar no va a arrastrar a ningún país a la quiebra ni tampoco va a salir en los periódicos, es, a fin de cuentas, una burbuja. Se está pagando un sobreprecio por cosas que no tienen tal valor. 

Algunos dirán que al fin y al cabo, si la demanda está dispuesta a pagar tal precio, es que lo vale. De acuerdo, acepto que por ejemplo te quieran cobrar 800€ y los acabes pagando por una Simson, aunque sea una moto de tecnología soviética y que tiene más de 30 años. No importa  que esté cascada, que lleve más de 20.000km y que al cabo de 500km tengas que volver a gastarte una pasta en reparaciones. No importa tampoco que sea una moto bastante insegura. El diseño de la Simson, su antigüedad y lo que significa lo vale (no para mí).

Sin embargo, lo que no entiendo es que te cobren 3€ por una copa usada de vino. ¿Acaso el hecho de pensar que hay gente que ha bebido le da más valor? Ni que todos fuéramos Jesucristo. En el kardstadt hay una oferta magnífica de 6 copas  por 15€. ¿A qué viene este diferencial de precio por algo usado?

Repito, habrá casos en que se pueden encontrar muy buenas oportunidades, o casos en los que simplemente no hay una alternativa en el mercado de primera mano, pero en general, hay ciertos individuos que se están aprovechando de la miopía de muchos. Algo que está usado debe ser significativamente más barato que algo nuevo, y no cada silla que encuentras en el mercado de Mauer Park es arte ni puede ser catalogada como una antigüedad. La mayoría son simplemente viejas y fueron diseñadas por el IKEA de la época. ¿Pagaremos dentro de 20 años el equivalente a más de 5€ por una Lack?  

@marcjordana 

[opinando sobre la autenticidad de vez en cuando]

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Comentarios

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Usted tiene que ir a clase

aunque me congratula que de vez en cuando ustedes piensen por sí mismos.

http://berlunes.com/tema-vi-flohmaerkte

Muy suyo

A. Shopenhaua

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Cuando se dio esa lección, todavía no había empezado las clases

Aunque tiene razón