Vivir mata

Imagen de Juanma

Después de la estampida de descerebrados antílopes internáuticos provocada por el post de René Higuita y del popular populismo desbocado y ahorrativo en talento del cada vez más lamentable Schopenhaua, me toca volver al ruedo. Sé que será difícil llegar a la portada del menéame, pero creedme, no estoy aquí para llenar mi ego ni para que me quitéis ni me déis la razón en foros sin sentido. Simplemente quiero escribir lo que pienso sin la voluntad de daros lecciones morales, y si es posible, ofendiéndoos un poquito. Para eso me dieron esta beca. Os contaré: cada vez me encuentro con más gente en Berlín que me intenta salvar la vida o explicarme cómo debo vivir. Tocaré este espinoso tema abordando un asunto que seguro que os es familiar: el antitabaquismo.

En esta sociedad líquida que nos ha tocado vivir, donde millones de personas se agolpan en ciudades (como Berlín) que no les pertenecen y buscan una identidad verosímil que vender en el mercado de identidades que es el espacio público, el antitabaquismo es uno de los últimos caballos de batalla de progresistas y conservadores, de tontos y listos, de guapos y feos. Sí, soy fumador. No empedernido, pero fumador. Os juro que a nadie quiero molestar cuando me enchufo un cigarro o un canuto. Lo hago por puro placer o por la necesidad de sacudirme el estrés o la frustración que voy a acumulando a lo largo de los días de esta jodida y corta vida. A veces después de un buen o mal polvo (es decir, muy poco a menudo). También reconozco que fumar ofrece un aspecto estético nada menospreciable. A veces veo a un@ chi@ atractiv@ encenderse un pito, y no puedo más que admirar esa acción cargada de belleza.

Pero estos momentos tan deliciosos siempre pueden ser rotos por el típico tocacojones de turno que considera que fumar ya no es algo de moda, que el tabaco es un producto ajeno a cualquier persona que pueda ser considerada inteligente o amante de la razón. Nada más lejano de la realidad. Os pondré un ejemplo: hace unos días me estaba tomando una cerveza con unos amigos alemanes. Uno de ellos, Benny, es el prototipo de alternativo radical. Benny lo tiene todo: es muy izquierdas, tanto que casi es de derechas; viste de riguroso negro, como si cada día fuera un velatorio; es vegetariano ortodoxo y amigo del tofu; es antideutsch y, consecuentemente, sionista sin fisuras (el pobre sigue arrastrando esa culpabilidad tan alemana causada por el holocausto); y, cómo no, Benny odia el olor del tabaco, el humo azulado de un cigarro o de toques marrones de un buen porro de hachís. Presumo que también odia a los fumadores. Si pudiera, los gasearía, sospecho. Quizá eso tengo algo que ver con su cerril sionismo.

Otro de los colegas sentado alrededor de la mesa se comenzó a liar un cigarro sin la más mínima intención de ofender a Benny. De hecho se lo fumó fuera del bar. Pero Benny tuvo que saltar: "Fumar es algo tan anacrónico, tan siglo veinte", dijo con ese tono tan votivamente elitista que caracteriza a los alternativos radicales. No me pude contener: "Sabes qué? Creo que deberías fumarte una buena salchica de cerdo. A lo mejor así matabas dos pájaros de un tiro y dejabas de juzgar tanto a la gente, que, además, no ha pedido que la juzgues". Benny me miró indignado, se levantó y se fue del bar sin decir nada. No he le vuelto a ver. Creo que he perdido a un amigo no fumador. Desde entonces, siempre consulto esta web antes de irme de bares para evitar encontrármelo por ahí.

Es muy sencillo: hay bares a los que vas a fumar y a beber, a los que vas a intoxicarte, y en los que lo último que quieres es que alguien te dé lecciones morales y de vida. Un poco de veneno te hace más fuerte, pienso. Y no olvidéis una cosa: "Vivir mata". Hasta entonces, dadme VENENO.

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Comentarios

Mi opinión es que siendo

Mi opinión es que siendo legal su venta su consumo sólo debería estar prohibido en espacios comunes. Nadie está obligado a entra en un bar donde tienes un cartel que dice "se permite fumar". Del mismo modo nadie debe fumar en un bar donde pone "prohibido fumar".

En España (no sé si en el resto de los países utilizan los mismos argumentos), los no fumadores argumentan que el humo pasivo en los bares los está matando. Bien, yo soy de la opinión que si tanto necesitas cuidar tu salud, nadie debería hacerlo por ti. Es decir, si mi salud es lo primero, esté o no prohibido, no pienso entrar en un bar de fumadores por mucho que vayan mis amigos...

El siguiente argumento (casi) es que no existen bares de no fumadores.Vaya, tampoco existen (casi) bares en donde no se venda alcohol y no por eso se prohíben los que sí lo venden. Dirán "es que el alcohol no mata al que no lo consume como el tabaco", ya, pero no existen. La excusa de la salud podría servir para prohibir cualquier cosa.

Otro argumento es, "en el resto de los países de Europa está prohibido..." Falso, en Croacia se puede fumar (por citar un ejemplo)... "Pero es que Croacia no pertenece a la UE" y por eso ya no pertenece a nuestro continente... En Holanda se pueden fumar canutos en los coffees y no ves a ningún no fumador entrando y quejándose de que sale colocado. "Pero es que en Holanda hay alternativas para los no fumadores", ya pero permiten fumar porros también.

"Es que desde que se prohibió el tabaco mi ropa ya no huele" Sí, pero te has quedado sin un derecho, cuando prohíban las fragancias tampoco olerás a ellas.

Por último, decir que hace casi 8 meses que dejé de fumar y me alegro de haberlo hecho pero yo no soy nadie para obliga al que fuma a que lo deje, cada uno que haga lo que quiera con su vida. Sé perfectamente que si voy a casa de un amigo fumador tendré que tragar el humo, pues eso mismo lo sabría si veo un cartel en la entrada de un bar que reza "se permite fumar", sería decisión mía si quiero perder mi salud en ese lugar o buscar una alternativa.

Un saludo

El deporte nacional aleman no

El deporte nacional aleman no es el futbol, es adoctrinar a la gente...